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Iglesia de Santa María la Mayor. "El Faro de la Meseta"... te atrapará


Sí, tengo que admitirlo, la he sido infiel... una vez más. Hasta ahora, solo tenia ojos para ella; y ella, testigo impertérrito de mi continuo deambular por sus alrededores... tal vez aún no sea consciente de ello. También sé... que ella tiene innumerables pretendientes, alguno increíblemente constante en su empeño... e incontestable a su paso... el Carrión, pues por algo es llamada "la novia del río" (La Iglesia de San Miguel de Palencia), aunque este "insalvable" motivo, no sea la principal, ni la más importante razón del por qué mis ojos están ahora, a la par, cautivos de otra.


Todo esta historia de amor imposible, empezó el día que me acerqué hasta la localidad palentina de Villamuriel del Cerrato. Nada más cruzar su estiloso puente de piedra, de principios góticos con once ojos que salvan la aguas del Carrión y uno de los puntos neurálgicos de entrada a esta hermosa villa castellana, no pudo ser de otra forma, ocurrió lo inevitable, aunque era la primera vez que nos encontrábamos... el feeling surgió al instante. Y eso que mi buen amigo Angel, el párroco de la localidad y de su Iglesia, advocada a Santa María la Mayor, ya me había advertido de ello. En cierta ocasión me confesó: "es hermosa, increíblemente cautivadora... cada vez me gusta más". Pero nunca pensé... que tan a primera vista incidiera en mí con tan arrebatadora fuerza, aunque la enorme diferencia de edad, la inmensa cantidad de pretendientes y su estado inamovible, consagrado a fines infinitamente mayores, parecían una cuestión verdaderamente insalvable.



Sus más de 800 años de viva historia, no parecen haberla hecho mella, aunque... tal vez sí, pues guarda celosamente muchos secretos, aun así, se mantiene orgullosa en la zona altiva del pueblo. En cierta ocasión, cuando entre ella y yo comenzaron a surgir momentos de indudable confianza, esta, dejando a un lado su discreción, me susurró que no siempre fue tan bella y esbelta, pues, en su juventud, aunque confesaba que ya estaba entrada en cierta edad... lloró irremediablemente de pena... cuando la mano más sangrienta del hombre de la época... pagó sus deudas con ella. Me contaba, sin lamentos y ante aquel impresionante silencio... "que... por allá, en los años centrales del medievo, en la época de la Castilla Comunera, y aunque siempre mantenía sus mejores galas, impregnando en dichas tierras su aspecto más guerrero, sus piedras se desangraban saltando en el vacío a golpe del estruendo, cayendo amortecidas sobre la espesa llanura de estas tierras cerrateñas". Tanta infamia, lanzada sobre su vestido de seda, no ha impedido que, ahora, muchos cientos de años después, vista sus mejores galas de nuevo... ante cualquiera, y dispuesta, siempre eterna, a seguir alumbrando desde su imponente torre a toda esta bella comarca cerrateña bañada por las aguas propias del Carrión y también, en parte, por las prestadas a su Canal de Castilla, pues por algo la llaman, bien merecidamente, "El Faro de la Meseta" que a ambos cauces mece con enorme sutileza.


Es verdad que en mi primera visita fui buscando una edificación eclesiástica al estilo artístico románico, más propio del genuino patrimonio palentino de dichas épocas, pero en cuanto estás a sus pies, eres consciente que hay algo más, que dicho templo conjuga a la perfección los diferentes estilos artísticos acontecidos a lo largo de su historia. Según te acercas... tu mirada, en un principio, se concentra en la imponente torre campanario que luce orgullosa sobre la meseta, pues hay que decir, que esta se hace patente desde cualquier punto de la localidad cerrateña desde el albor hasta la puesta. Pero inmediatamente, tus sentidos, todos, menos el del tacto por razones obvias, se concentran en observar el bellísimo cimborrio que corona su crucero central, estructura de forma octogonal, inspirado en un tardío románico con clara transición al protogótico que su cantero con mano acertada quiso perpetuar. 


Su inmensidad está perfectamente significado en su aspecto fortificado. Como almenas que apuntan al cielo, surgen de su cabecera dos curiosas "torrecillas" que coronan impertérritas su ábside. Leyendas de hoy y de antes sitúan en estos lares a la Orden del Temple y a sus Caballeros Legendarios, bien en su estado más guerrero o bien en su más intensa vocación a la vida del monasterio, esto sería perfectamente posible, pues no es el primer templo palentino al que dicha orden dedicó sus dineros. Y sino que se lo digan al párroco de la también monumental Iglesia de Villalcázar de Sirga, que bien presume de esto.


Pero si por fuera impresiona, espera a adentrarte en sus entrañas. De lo primero que te das cuenta es de que posiblemente el templo haya tenido diferentes accesos a lo largo de los tiempos. En la actualidad, la entrada habitual, o cuanto menos la que yo utilicé para adentrarme en la iglesia, se hace desde la fachada norte, aunque tiene otro acceso principal en el poniente del templo, zona noble de la iglesia desde el que puedes observar más detalladamente su esbelta torre. Una vez dentro, descubres una impresionante edificación de tres naves que inspira grandiosidad y una sutil espiritualidad. Es un auténtico lugar de poder, los sentimientos se encogen y fluyen sobre el cuerpo buscando el centro del interior de la nave central para quedar atrapados en el crucero que soporta a su hermoso cimborrio. El arte inunda sus paredes, cualquiera de ellas, mires a donde mires, a la Epístola, al Evangelio, varios retablos y tallas de gran valor se pueden observar con detenimiento en cualquiera de sus sagradas paredes. Y algo curioso para el visitante, pues observará sin desdén una excelente maqueta del templo, situada justo enfrente de la entrada del poniente.


En definitiva, un increíble templo que tienes ante tu vista, ubicado y consagrado en una de las localidades más emblemáticas del Cerrato Palentino y que encontrarás sin ningún tipo de pérdida a escasos siete kilómetros de la capital. Esta declarado Monumento Histórico Artístico desde el 3 de junio de 1931. Es una de las más emblemáticas joyas del patrimonio eclesiástico de esta gran provincia... y eso que tiene clara competencia. Un templo, cuyo párroco, Angel Aguado, no solamente dedica su tiempo a cuidarlo, mantenerlo, explicarlo y enseñarlo si es preciso, sino, también, lugar dedicado para transmitir la fe en el visitante que Don Angel generosamente presta diariamente con ese halo de espiritualidad, vocación y gran bondad que le caracteriza... del cual todos los villamulerienses pueden presumir y que durante algún tiempo los guardenses también fuimos testigos de ello. Gracias Angel por tu paciencia y mis disculpas a la bella y hermosa torre palaciega de la también increíble Iglesia de San Miguel de Palencia, pero que aprenda que no está solo ella ni que es la única, que tiene sana competencia.

Visita virtual del interior de la iglesia. Clic con el ratón y gira en todas las direcciones:







Más fotos de esta espectacular iglesia:

Publicación relacionada "El canal, camino de prosperidad de la otrora Castilla":

Esclusa de Villamuriel. Harinera

Fotografías propias previamente retocadas
Mi blog de fotografía: 


San Cebrián de Campos, antes, ahora... digna de admirar siempre


La primera referencia que tuve sobre San Cebrián de Campos fue allá por el año noventa, siendo este servidor, por entonces, presidente de la Asociación de Discapacitados Psíquicos de Castilla de Guardo (Adecas). Para mí, aquellos años estuvieron llenos de encanto y plenos de satisfacción. Trabajar para/y/con aquellos chicos fue un inmenso orgullo (hoy, ya convertidos en hombres y mujeres, de los que tuve la suerte de aprender mucho sobre el verdadero sentido de la vida), su generosidad y cariño fue una gran parte del legado que me llevé de aquella etapa de mi vida. Pero si alguien me demostró como nadie su amor y solidaridad por estos chicos, fue Chema Hernández, desde que le conocí, siendo él gerente de servicios sociales, era habitual de las "marchas solidarias" que tan querida asociación organizaba por los caminos de nuestra Montaña Palentina, siempre estaba ahí, para lo que le necesitaras. 

Por dicha época, yo mismo me creía que mi paso por la asociación serviría para aportar mi pequeño grano de arena en pro de sus generosos fines y objetivos, pero la verdad que fue al revés, fui yo el que de aquellos grandes chicos de ayer, hombres y mujeres de hoy, aprendió una gran enseñanza; aprendí la magistral lección de que nada tienen estos que ver con "los renglones torcidos de Dios", sino que, gracias a dicha experiencia, logré ver y aprendí para siempre, que es nuestra propia soberbia la que nos hace creer "equivocadamente" que estamos delineados, por ÉL, con regla, escuadra y cartabón, nada más lejos de la realidad.

Pero no fue hasta el mismo momento en el que se incorporó a la junta directiva de la asociación, Angel Aguado, gran amigo y por entonces sacerdote de Guardo, cuando empecé a saber algo más sobre el pueblo de San Cebrían de Campos... con mucha más intensidad si cabe. Pues gracias a Don Angel y, por consiguiente, a sus excepcionales enseñanzas, a mi escaso conocimiento sobre la localidad, que de aquellas se limitaba a conocer por mi parte, que en dicha población se ubicada una de las mayores obras de carácter solidario y social que existen en la provincia de Palencia -análoga a la que en esos momentos presidía-, se unió el descubrir que, a su vez, San Cebrián de Campos contaba con una de las más impresionantes Iglesias que luce nuestra extensa y hermosa provincia. Por cierto, Angel, hoy, es el párroco de Villamuriel del Cerrato, localidad que cuenta con un impresionante templo románico del cual en este blog daré buena cuenta. Gracias Fidel Ramos por tu gran trabajo en la Fundación San Cebrián.



Llegar a San Cebrián de Campos desde mi pueblo natal Guardo es realmente sencillo. Simplemente tienes que coger la carretera C-615, en dirección a la capital, y entrar en la población de Villoldo, sí... sí... en el pueblo de los famosos amarguillos de Don Heriberto Pedrosa. Ya en Villoldo, te diriges a la carretera provincial 983, te conducirá directamente hasta San Cebrian de Campos.

Nada más llegar a la localidad, observas con incredulidad la majestuosa figura de su Iglesia Parroquial. En ese mismo momento, eres consciente de la gran importancia que este pequeño pueblo palentino ha tenido en la historia viva de nuestra provincia. La robustez de esta gran construcción se mantiene básicamente intacta desde sus inicios. Su aspecto sobrio, sencillo y funcional, revela el carácter que sus lugareños han cultivado desde siglos, hombres de ayer y de hoy extremadamente ambles y hospitalarios. La Iglesia de San Cipriano y San Cornelio está declarada monumento histórico artístico desde 1994. Sus dimensiones casi catedralicias impresionan, tanto, que yo, por mi cuenta, la he incorporado en la bellísima ruta palentina de las Iglesias-Catedrales (Amusco, Piña, Támara, Santoyo, Villalcázar de Sirga, etc.).

Es un edificio eclesiástico eminentemente ataviado del más característico estilo gótico, le pilló un poco tarde la época del románico palentino, unas decenas de años después, aunque a mí me parece observar aún -tal vez porque estoy demasiado influenciado por mi amor a dicho estilo-  algún detalle en sus exterior, propio de esta influencia artística tan predominante en nuestra provincia. Su construcción data del Siglo XIII, seguramente dilatándose su ejecución durante muchos años, pero, a pesar de las vicisitudes y "trasiegos" que en la historia ha acontecido y, como en gran parte de nuestro patrimonio, este legado histórico está perfectamente conservado. El templo preside la plaza mayor del pueblo, desde la que puedes observar su fachada meridional con todo su esplendor, perfecta para preparar tu cámara fotográfica. En su interior, que consta de una sola e inmensa nave, podemos observar unos impresionantes retablos de estilo barroco y rococó que te cortan la respiración. Maestros talladores como Juan de Valmaseda dejaron aquí su mejor impronta, sí, lo digo bien, pues su retablo mayor es digno de admirar y disfrutar. Esperamos tu visita...

Imagen de la web del Ayto. San Cebrián de Campos
Fotografías propias previamente retocadas
Mi blog de fotografía: 

La nevada del siglo... hasta ahora


"Ya no nieva como antes". Hasta hoy, así de concluyente era la afirmación en las habituales conversaciones -bien fueran de bar o de cocina particular- que se "entablaban" entre los lugareños de mi pueblo natal, en cuanto caían cuatro copos de nieve sobre mi querida y bella localidad de la Montaña Palentina, Guardo. Y este extremo, en dichas reuniones, cualquiera se lo contradecía a los mayores del lugar. Es verdad que, en mi caso, aunque no me considero excesivamente mayor, mis recuerdos sobre "las grandes nevadas" de mi tierra se remontan a mis años de infancia. "Aquellas sí qué eran nevadas"... Aún recuerdo, en cierta ocasión, cuando llevaba ya dos o tres días sin parar de nevar, al asomar la nariz por la puerta de entrada del portal "38" -número que correspondía al edificio de las casas baratas en el cual residía-, la gran cantidad de nieve que se había acumulado durante dichos días sobrepasaba con creces el nivel de mi rapada cabeza, es decir, y para entendernos coloquialmente, llegado el momento y como buenos aventureros de la infancia, con tanta y tanta nieve podíamos construir un bonito "iglú", en el que entrábamos perfectamente de pie -sin agacharse, por supuesto- a tan hostil e improvisada nueva vivienda infantil.

Contaba de aquellas con unos escasos ocho años de edad, y ello implicaba que un servidor no superaba el "escaso metro de altura"... pero que muy raspado; lo que es suficiente prueba para aseverar que aquellas nevadas de finales de los años sesenta que yo conocí rondaban, como mucho, dicha medida de espesor. Pero ante este interesante dato "medicional" recordado por este humilde bloguero para referenciar esta publicación, solo una simple observación más, nevaba y nevaba sobre nevado, es decir, no se retiraba como ahora, no existían ni los medios, ni el personal, ni la concienciación política de servicio público tan arraigado como el de este momento, y la acumulación continuada de precipitaciones blancas, día tras día dejándola madurar, conseguían aquellas tremendas y espesas capas del precioso y esperado manto albo ya helado, cuanto menos por los infantes de mi portal. El sistema empleado para su retirada por los servicios municipales... era el de ya se iría por sí sola... y así sucedía, si no fuera por la acción espontánea y solidaria de los vecinos que, con pala en mano, hacían todo lo humanamente posible por acondicionar la zona... de aquellas, pensábamos que no hay mal que cien años dure... y menos si dicho mal es de hielo.

Monumento a la Montaña Palentina
Sin embargo, la nevada de la que hemos sido testigos en estos primeros días de febrero del año 2015, la podemos de considerar de histórica, y lo bueno es que gracias a los nuevos sistemas tecnológicos y a las redes sociales, los chicos del futuro ya no tendrán este dilema de falta de datos comparativos. Pero tengo que decir, que yo no recuerdo otra nevada igual, con la salvedad de que antes me llegaba a la cabeza... y ahora a la cintura, será por la edad. 

Han sido prácticamente cinco días consecutivos sin parar de nevar. La segura acumulación de nieve en las calles, si no hubiese sido por el titánico esfuerzo realizado cada día por los servicios municipales y por los vecinos de la localidad, habría sido de consecuencias imprevisibles, me atrevo a asegurar que hubiera superado, con seguridad, bastante más del metro estipulado; con la clara diferencia de que ahora no me llegaría mucho más allá de la zona que aprieta mi cinturón... y no a la cabeza, menos mal. No he conocido nunca un despliegue de medios igual, estos han sido perfectamente coordinados por mi buen amigo Fonso, siempre dispuesto, al mando de un Alcalde, Juanje, y Concejales, que se arremangan para aquello que haga falta, trabajando juntos codo con codo incansablemente. Gracias a ello, y también al trabajo diario, como he dicho, de personal y vecinos en general, se ha conseguido minimizar en Guardo las consecuencias de tanta y tanta nieve. Y digo bien... en Guardo... pues en otras poblaciones la intervención de unidades especializadas del ejercito ha sido imprescindible.

No quiero acabar esta publicación sin antes agradecer, de corazón, la inmensa labor realizada por todos y cada uno de los trabajadores del Ayuntamiento de Guardo, con su Alcalde y Concejales de la Corporación al frente y a toda la población de Guardo en general. Cinco eternos días y los que quedan sin parar de retirar nieve. Han demostrado, todos y cada uno de ellos, una grandísima profesionalidad y un sentido de servicio público sin igual. Sé perfectamente que es imposible llegar a todos y cada uno de los rincones de este hermoso pueblo llamado Guardo, y también sé, no te quepa ninguna duda, que muchos vecinos han tenido que soportar las duras inclemencias del tiempo... con algo menos de presencia de dichos medios, aguantando, como nadie, tantos días de abundante acumulación de nieve y hielo a la puerta de sus casas con una enorme tranquilidad y paciencia, haciendo todo lo que estaba en su mano para minimizar el impacto de esta. Pero también tengo que decir, que estoy plenamente orgulloso del comportamiento titánico de mis vecinos. Han sufrido lo indecible, pues han soportado como auténticos "gladiadores" unos días de "mal tiempo" que han arrebatado la normalidad de su día a día. En esta ocasión y como siempre, luchando, pero no contra los leones del "Coliseum Romano", que no viene a cuento, sino contra la fuerza de la naturaleza convertida en un precioso e inmaculado manto de nieve, que, en ocasiones -y no sé yo si esta ha sido una de ellas- se convierte en un feroz enemigo a batir... "Qué hartura a nevar, por Dios", como dice mi buena amiga Ana Gómez.

Gracias por vuestra comprensión vecinos.

Estadio de la Camareta
Plaza de la Constitución
Calle la Iglesia
Colegio del Otero
El avestruz de la Plaza de la Constitución
Plaza de la Constitución
Plaza de la Constitución
Plaza del Otero
Congelados
Plaza del Otero

Ver vídeo del día después:


La novia del Carrión. Iglesia de San Miguel. Palencia


Es, para mí, la más sublime, bella y señorial dama jamás conocida. Siempre vestida de gala al paso de su más insistente pretendiente. Altiva es su mirada a su tránsito, amable su gesto a su encuentro. Es la novia que impasible espera, ataviada con su elegante traje de cola, a que su admirador se acerque un instante a susurrarle... con exquisita elegancia, que nunca se rendirá a sus pies. Ni cuando a su lado... enojado pase, permitirá que sus lágrimas inunden su feudo. Es la iglesia de San Miguel, "La eterna novia del Carrión". Es la Iglesia de San Miguel. La Novia del río Carrión, #Palencia, un gran museo al aire libre.

La Iglesia de San Miguel es una de mis pasiones, no me canso de observarla, admirarla, degustarla... fotografiarla. Es, como bien dijo el poeta Paco Vighi, la mejor pretendiente del río Carrión: 

"La torre de San Miguel
quiere ser la novia del río,
y asomándose a mirarle
tiembla de amor y de frío"


Pero la verdad es... que es la pretendida novia de cualquiera que pase a sus pies. No solamente las aguas próximas, que ligeras pasan a su lado regalando el reflejo de esta bella dama, están orgullosas de su mirada, pues también sus paisanos en su continuo trasiego por sus aledaños son rehenes de la mirada de la bella torre fortificada. Ella con gran sutileza y estilo se sabe bien querida y admirada, aunque con ello contradiga el verso del poeta. La iglesia de San Miguel actual es la consecuencia de varias reformas realizadas a lo largo de su extensa historia. Su inspiración data del siglo XI, de cuando el lugar albergaba una edificación eclesiástica anterior, de la que hereda su advocación.

Pero es en el siglo XIII, en los momentos transitivos del románico al gótico, estilo artístico que se adueña por completo de la ciudad de Palencia, cuando despunta sobre el cielo esta esbelta y bella torre, engalanada con el inconfundible aspecto palaciego que hoy tenemos el honor admirar. Torre campanario que coqueta busca el poniente reflejándose en las aguas de su más fiel y eterno acompañante. Motivo de ensoñaciones, aderezadas de leyendas de reyes propias de la más añorada infancia. Inspiración continua del hombre austero, sobrio y devoto, reclamando para sí misma el protagonismo de una época de leyenda, con permiso de la también bella, su vecina, la Catedral, que por suerte, y algo tendrán que ver las redes sociales, hoy es mucho menos desconocida y mucho más reconocida.

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Vistas de la iglesia de San Miguel

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Fotografías de Eduardo Gutiérrez Pérez
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Palencia, camino del más bello románico (IX). Iglesia de la Asunción, Villabermudo, la siempre bien acompañada

Cabecera del templo. Ábside
La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Villabermudo... nunca está sola, pues este bello templo que conserva aparentemente su planta románica desde hace más de 800 años, siempre estuvo perfectamente acompañado... ¡y no es poco orgullo para ambos! A escasos dos kilómetros de este bello paraje, se encuentra también, en perfecta sintonía, armonía y paralelismo cartográfico, la excepcional iglesia románica advocada a uno de los santos más venerados del cristianismo, San Lorenzo, en Zorita del Páramo, templo al cual dediqué mi artículo anterior en este mismo blog. 

Es verdad que, aunque se adivina aún su inicial construcción de planta, el templo, hoy, solo conserva de su estilo románico original, un armonioso ábside -aunque semitapado por añadidos posteriores-, una bella ventana del más puro estilo románico sobre el pórtico de entrada meridional y los sobresalientes canecillos que se configuran a la vista del visitante con diferentes figuras antropomorfas y otros motivos difíciles de identificar, entre ellos, alguno que deja entrever las más calenturientas ideas que profesaba, en su día, su expectante tallador y que, por suerte, aún coronan su ábside y parte del alero en la techumbre de su nave central. 

En su interior, podemos encontrar interesantes capiteles románicos, prestando a la iglesia un intenso ambiente de espiritualidad verdaderamente enaltecedor. Es curioso observar, en una de las construcciones añadidas al originario muro norte de la edificación, una puerta con arquivoltas interesantemente conservada y del mismo semblante que la ventana del muro meridional, antes descrita. Son para mi gusto, tal vez, demasiados los añadidos que a lo largo de los tiempos ha sufrido dicha iglesia, pero esto no le resta "ni un ápice" de interés a la extraordinaria belleza que ensalza a todo el conjunto, pues, además, como si fuera una estrella de Hollywood, se ofrece voluntariosa para ser perfectamente fotografiada desde cualquier ángulo... Ya sabes, no pierdas más tiempo... Villabermudo te espera... y agárrate que vienen curvas... que nos adentramos en breve en la capital del románico español, Aguilar de Campoo. Te espero para este nuevo viaje.

#Palencia, un gran museo al aire libre.




Puerta en el poniente
Fotografías propias previamente retocadas
Mi blog de fotografía: 



Palencia, camino del más bello románico (VIII). San Lorenzo, en Zorita del Páramo


Pórtico de poniente
San Lorenzo fue quemado vivo y cruelmente martirizado hasta la muerte, por orden del prefecto de la ciudad de Roma en el año 258, lugar donde ejercía una importante labor eclesiástica como diácono de la Iglesia Católica. Posiblemente nació en Huesca, en la Hispania Terraconense, aunque también se asignan su nacimiento otras tierras próximas... aunque en cualquier caso, siempre dentro de los límites geográficos de esta bella piel de toro, nuestra España actual. Es uno de los santos más venerados por los cristianos y santo patrón de los bibliotecarios, pues fue oficialmente el primer archivero nombrado por la Santa Sede, a la par que ejercía como  administrador y custodio de sus bienes, una labor cristiana de entrega a los demás que le llevó a la muerte.

Pero es, precisamente, su nombre de nacimiento: Laurentius, que traducido del latín significa "Laureado", lo que le une irremediablemente a la localidad Palentina de Zorita del Páramo -vamos, digo yo, esto es una aportación meramente mía-. Y a esto es a lo que precisamente me refería, pues... muy laureado es... el impresionante templo que luce enormemente orgullosa esta pequeña localidad palentina, próxima a Herrera de Pisuerga. En mi opinión, es una de las iglesias que mayor encanto ofrece al amante de este tipo de patrimonio, templo que a su vez, inicia -si recorremos dicho camino desde el sur de la provincia de Palencia- la ruta del más bello románico, con destino hacia el laureado y espectacular patrimonio... conocido como la ruta del "Románico Norte Palentino". 

Este templo conserva, como ninguno, la planta originaria de su construcción -se adivina la cruz latina en toda su planta-, posiblemente, iniciado allá por los medievos años de la doceava centuria del calendario gregoriano. La Iglesia se divisa espléndidamente majestuosa desde la autovía de la meseta, prácticamente a la altura de Herrera de Pisuerga, pero cardinalmente hablando, a su occidente. Según entras en la localidad y te diriges hacia la Iglesia, vas a dar directamente con su fachada meridional, donde se encuentra la hoy considerada entrada natural al templo... imponente. A su vista... ¡estupefacto quedas al observar su pórtico!, y lo primero que te cuestionas es: ¿dónde está el románico que el amigo Eduardo con tanto entusiasmo comenta?, "pues... es verdad, lo primero que te encuentras... bajo una especie de coqueto claustro y bajo tejavana... es una espectacular y hermosa fachada, clasificada como plateresca", pero también es verdad que, en cuanto la observas con detenimiento... verás un bello apostolado tallado en piedra, que parece ser que fue re-colocado muchos años después, una vez desmontado del otrora pórtico original. Pero si lo que buscas es ver una perfecta muestra del mejor románico en su estado más puro, asómate a la fachada del poniente o a su cabecera... Embelésate con el maravilloso pórtico que podrás observar. Con el armonioso ábside, perfectamente orientado al naciente, o con el cimborrio rectangular que preside su nave principal y así confirmarás el por qué de tan laureado honor

Zorita del Páramo entusiasma.
#Palencia, un gran museo al aire libre.

Portada de estilo plateresco
Cabecera absidal
Fachada meridional
Fachada de poniente

Fotografías propias previamente retocadas
Mi blog de fotografía: 

La reliquia de Santa Columba de la Iglesia de San Juan... el secreto mejor guardado (2)

Reliquia de Santa Columba. Sacristía de la Iglesia de San Juan de Guardo. Hueso incorrupto del antebrazo de la Santa, protegido entre algodones
"Hermosísima y nobilísima, espejo y norma de santidad para todos los cordobeses..."

Así de tajante se expresaba San Eulogio cuando se refería a la noble y joven Columba. Santa de Dios de gran vocación cristiana. Descendiente de una importante familia patricia, acomodada y poderosa en tierras y patrimonio asentada en Córdoba desde tiempos inmemorables, incluso antes de la subyugación árabe sobre la emblemática ciudad Andaluza.

Columba nació, vivió y murió en Córdoba, en épocas en la que la ciudad estaba bajo el domino musulmán,  más concretamente, en los años del segundo cuarto de la novena centuria. Según cuentan los textos de San Eulogio, eran años difíciles para el catolicismo. Procesar la religión cristiana era todo un acto de heroísmo. Los musulmanes, en un afán de querer mostrar un aparente aperturismo sobre el resto de culturas y religiones de la ciudad -excepto las paganas-, principalmente sobre la judía y la cristiana, a cuyos miembros no se les perseguía, permitiéndoles procesar el credo, aunque exclusivamente en los templos destinado a dicha causa, previo pago de una tasa o impuesto... claro está.

Aun así, el califato vigente primaba la islamización de la sociedad, para ello, promulgaba leyes que prohibían predicar el credo cristiano fuera de los templos e imposibilitaban el acceso de estos a cargos públicos. Promulgaban leyes que obligaba a los cristianos a tener que reverenciar a cualquier musulmán que se encontrasen a su paso. San Eulogio cuenta en sus textos los numerosos actos vejatorios, apedreamientos e insultos que recibían los cristianos, incluso por cuenta de los niños. En todas las ocasiones, ante la denuncia de estos hechos, eran considerados por el Cadí (juez) como cosa de juegos infantiles. Otras leyes contenían un cariz mucho más dramático, por ejemplo, la que consideraba una blasfemia cuestionar el Corán, renegar del Islam o promulgar la renuncia a su Profeta, hechos que eran castigados con la muerte. Estas y otras reglas, emitidas por los Emires, consiguieron que gran parte de los cristianos renegasen de su fe, convirtiéndose al Islam por miedo a la persecución musulmana. Pero hay que decir que dicha subyugación también provocó un efecto completamente opuesto al pretendido; como ejemplo, el de los llamados "Santos Mártires de Cordoba". En este sentido, muchos clérigos, y también más de un seglar, acogieron para sí mismos un movimiento martirial sin igual en la historia conocida y que acabó con la vida de casi un centenar de mártires cordobeses.

Columba era una mujer joven y muy hermosa, profundamente deseada por el prefecto del consejo ciudadano de la ciudad, pero su convencida decisión de entregarse a Dios casi desde la niñez, forjó en la joven cordobesa una incipiente vocación religiosa que la llevó a procesar una vida de plena dedicación a los demás, en misericordia, caridad, humildad, sencillez y castidad. Fueron precisamente las enseñanzas promulgados por San Eulogio, al que la joven seguía fervientemente, las que forjaron el carácter de Columba. San Eulogio era hombre de gran sabiduría y experto en el conocimiento de las Sagradas Escrituras. Dedicó gran parte de su vida a la vida pastoral en los monasterios de la provincia de Córdoba. El monasterio de Tábanos fue uno de sus lugares predilectos, en él impartía sus profusas enseñanzas. Este religioso cordobés, junto con San Isaac y otros tantos mártires de la época, hartos de las disposiciones moras, eligieron morir mártires antes que vivir indignamente y ser obligados a rechazar a Dios; consolidando, así, como dogma de fe, el movimiento martirial cordobés.

Dicho magisterio impregnó en Columba una fuerte vocación cristiana. A su vez, curiosamente unos años antes, la fe cristiana también había prendido intensamente en parte de sus familiares más próximos; entre estos, en algunos de sus hermanos y cuñados. Algunos de los miembros de su familia fueron los fundadores del monasterio cordobés de Tábanos, convento de carácter dúplice, dedicado a la oración de hombres y mujeres. Dicho convento estaba ubicado a unas dos leguas al norte de la ciudad, parece ser, según algunos expertos, enmarcado en un bello paraje de la incipiente sierra cordobesa. Pero la oposición de parte de su familia, rota y dividida por los acontecimientos acaecidos por causa de la islamización de algunas familias hispano-romanas; y sobre todo su madre, mujer de endeble consistencia cristiana que nunca pudo entender como algunos de sus hijos podían renunciar a sus privilegios para entregarse a una vida en pobreza, humildad y carente de necesidades opulentas, hizo que la joven huyera de su acomodada casa familiar para refugiarse, entregándose definitivamente a Dios, en el monasterio Tabanense, lugar de acogida de gran parte de los mártires andaluces que fueron victimas de los moros. 


Previamente su madre había intentado, sin ningún éxito y con la férrea oposición de Columba, la conversión de esta y así poder desposarla con el prefecto del poderoso consejo de la ciudad, que estaba obsesivamente prendada de ella. La obcecación materna era emparentar con el alto mandatario de la Córdoba de aquellos tiempos, aunque esto requiriese de renunciar al credo cristiano de las familias de origen hispano-romano. Los hombres de la ciudad veían en Columba una belleza sin igual, reflejaba en la pureza de su nombre: Paloma, y una exquisita similitud a la hermosura y fragancia de los floridos jardines que inundaban la ciudad cordobesa; pero estos amoríos de primavera eran rechazados continuamente por la bella Columba. Su convencida oposición a entregarse a ninguno de estos, terminó ocasionando verdaderos problemas de convivencia en el entorno familiar, siendo el motivo determinante de su precipitada huida al dúplice monasterio de la sierra cordobesa. Una vez en el cenobio, su hermano Martín, abad del monasterio Tabanense, la encomendó junto a su hermana Isabel, la superiora de las monjas, regir los destinos del recinto eclesiástico en la zona destinada a las religiosas. Se convirtió en una rectora ejemplar, entregada por completo a los demás y a las tareas diarias del convento, aunque la condición mixta del recinto monacal... provocaba algunos problemas de convivencia. Las tentaciones que la rodeaban y los momentos de debilidad arreciaban contra su voluntad, aunque nunca doblegaron su enorme fervor y devoción hacia Dios. Columba exigía para sí, el mismo fervor que para el resto de las religiosas del convento. San Eulogio, que había convertido a dicha monja en una de sus más predilectas discípulas, dijo de ella: “Columba es perfecta en la castidad, firme en la caridad, constante en la oración, pronta en obedecer, propensa a la misericordia, fácil en el perdonar, pronta a la enseñanza, dispuesta a enseñar”. 

Corría el año 850 cuando la muerte sorprendió a su hermana Isabel, la abadesa. Fue entonces, coincidiendo con los momento más duros de la persecución musulmana contra los cristianos, cuando Columba fue nombrada nueva priora. La temprana e inesperada muerte de su hermana hizo que Columba cayera en una grave depresión, aunque este estado no impidió que rigiera acertadamente los destinos del monasterio, en tan convulsos momentos; es más, acrecentó su fervor hacia Dios, entrega en misericordia y caridad a sus semejantes. Fueron momentos en los que Columba buscó la perfección cristiana y la divinidad espiritual con su entrega a la oración, practicando una férrea doctrina sobre ella misma y, por extensión, sobre el resto de las religiosas del convento. Tres años después de la muerte de su hermana Isabel, llegaron momentos de enorme turbación en la ciudad, Córdoba se sumió en el caos. Los moros arreciaron la persecución contra los cristianos que no aceptaban la conversión y comenzaron a hostigar cruelmente los templos. El monasterio tabanense no se libró de ello.

Santa Columba de Córdoba. Wikipedia
Finalizaba el caluroso verano del año 853. Las monjas se entregaban sin descanso a su tarea diaria de atención a los necesitados, a los cuidados de la huerta y a la elaboración de exquisitos productos alimentarios puramente artesanales. A la vista de la llegada de los primeros fríos de la sierra, comenzaron a almacenar leña para pasar el crudo invierno. Esa era parte de la rutina amable del día a día, el resto no lo era tanto. Entre oración y oración se dedicaban a interceder ante Dios por el alma de los ejecutados en martirio. Desde el monasterio, cada noche, los clérigos se convertían en testigos de excepción de los incendios que se producían en la ciudad. El negro humo se elevaba sobre sus cielos, era tan intenso que se divisaba desde el recinto eclesiástico. La inquietud y el miedo encogían su espíritu, martirizaba su día a día. Conscientes de la tragedia que se estaba produciendo, solo podían rezar y ofrecer refugio y alimento a los que llegaban al lugar huyendo de la ciudad. Ante tanta infamia, sabían que el día señalado llegaría, más pronto que tarde. Eran conscientes que el Emir planeaba asediar el monasterio.

Columba, después de una dramática noche de asedio, huyó a la ciudad junto algunas de las hermanas. En su huida aún pudieron escuchar los gritos desgarrados, entremezclados de oración y lamento, que prevenían del monasterio. Las penurias de la noche no aminoraron su ánimo. A las puertas de la ciudad decidieron separarse, pensaron que sería más fácil zafarse de los musulmanes. Solo la hermana Digna siguió con ella. A media noche, sorteando las férreas guardias moriscas, lograron refugiarse en lo que quedaba de su antigua casa. Esta había sido consumida por las llamas, y las huestes moras habían dado muerte a sus moradores. El hedor era insoportable; la destrucción y el saqueo de sus antiguas propiedades era total. Los cuerpos yacían en el suelo entre llamas y desolación. Ante la vista de los cadáveres de sus padres, Columba les otorgó la bendición y encomendó sus almas al Señor. Rezó en silencio, quiso expiar por ellos sus pecados. Con la ayuda de la hermana Digna resguardó los cadáveres en un lugar seguro en donde poder ocultarlos para ofrecerles cristiana sepultura en un mejor momento. El crepúsculo se convirtió en dolor y llanto. Refugiadas en lo que quedaba de los establos de lo que fuera su antigua casa, ambas hermanas se abrazaron. Se miraron fijamente, presentían que el final se acercaba. Columba la susurró al oído, convino a Digna a separarse, sería más fácil ocultarse y pasar desapercibidas ante los moros, la argumentó. Se despidieron emotivamente, llegó el momento de su separación... tal vez para siempre... o no, solo Dios dispondrá, masculló Columba entre los sollozos de ambas. Pero poco después de su separación, Digna se entregó al Emir, y siguiendo el destino de los religiosos martirizados, decidió seguir el camino marcado por estos y ofrecerse ante el Cadí con la única arma que poseía, su propia fe. Plenamente convencida de su acto, y altiva ante el tribunal pero llena de irradiante humildad, miró al cielo, alzando su voz, proclamó: "Prefiero morir en Él, antes que vivir una vida indigna sin mi Dios, único y salvador". Murió mártir, acusada de blasfemia por el tribunal musulmán.

Al amanecer, consciente del destino de algunos clérigos del monasterio, Columba decidió presentarse en palacio, ante el Cadí. Recordó las palabras de su precursor San Eulogio: "La vida sin Dios es una travesía en el desierto hacía ninguna parte". Cruzó rauda la zona cristiana de la ciudad, algunas casas ardían entre llamas y se escuchaban los gemidos y lamentos de sus moradores. A su encuentro, ya en palacio, se arrodilló de espaldas al tribunal, con los brazos en cruz. Este la convino a que hablara mientras el resto de miembros del consejo la acusaban de blasfema. El Cadí impuso orden y la sugirió la conversión. Columba hizo caso omiso, fijó su mirada en el cielo, y con voz firme y poderosa, mientras elevaba sus brazos buscando en su encuentro al Altísimo, exigió al Emir que detuviera aquella locura de muerte y persecución, a la par que encomendaba a los presentes "a alabar al Señor Nuestro Dios, Padre de Todos Nosotros Divino y Único".  ¡Blasfemia!, gritó el Precepto. ¡Es una blasfema, se burla de nosotros! ¿A caso no la escucháis? Insistió. El Cadí asintió. El Emir, visiblemente enojado, desenfundó y empuño su espada, se dirigió furioso hacia ella, en ese momento, Columba entonó con dulce y armoniosa voz su última plegaria en vida: "Ábreme, Señor, las puertas de tu gloria para que vuelva a aquélla patria donde no existe la muerte, donde la dulzura del gozo es perpetua". Su cabeza cayó decapitada a los pies de su verdugo sin derramar ni una gota de sangre. Ante aquel extraordinario hecho, el Emir, retirando su atónita mirada del yaciente cuerpo de Columba y de espaldas al cadaver, ordenó: "Que sea despojada de todo sus bienes y prendas, que desaparezca todo rastro de su familia y sus pertenencias sean repartidas. Que su cuerpo sea troceado, ensacado y lanzado al río, que se pudra en lo más profundo de sus aguas y que nunca más en este palacio su nombre sea pronunciado". Como ordenó el Emir, así fue y así  se cumplió aquel 17 de septiembre del 853.

Ermita del Santo Cristo del Amparo. Guardo
Muchos años más tarde...

Aquel monje, que unos meses antes había tomado camino desde las lejanas tierras del sur, al encuentro de los cruceros del norte, llegó exhausto a la posada. Muchas leguas atrás, había advertido en la lejanía las impresionantes cumbres que coronaban la extensa llanura. Las gentes que encontraba en su camino le hablaban de un hermoso y enigmático lugar al final de la ruta. Era la entrada natural a los impresionantes colosos que a la vista y durante largas jornadas, le acompañaban desde la lejanía. Recordaba aún, como amablemente sus extemporáneos compañeros de viaje le habían contado que allí, en el inicio de las altas cumbres, encontraría digna morada. No lo dudó un instante, tal vez encontraría algo más... pues le rondaba una extraña corazonada.


A su llegada, despojó el equipaje y dio gracias a Dios ante el santo templo. El lugar no le defraudó. Poderosamente atraído por la imponente espadaña de la ermita, se reclinó ante ella, seguidamente se abrazó al crucero que presidia la entrada del templo. Alzó sus ojos al cielo, se encomendó a Dios para seguidamente extender su mano y santiguarse. recorrió el contorno de la ermita y cuando la vista se lo permitió, contempló en el horizonte el perfil del impresionante coloso que se alzaba entre las montañas, un manto blanco de nieve coronaba la árida y escarpada montaña. A su vez, imponía su soberbia figura sobre valles y montes de parajes aledaños. Nada más cruzar el portón de la corralada, salió a su encuentro el posadero. Inmediatamente, el monje, no sin antes saludarle gentilmente, le preguntó si era el dueño de la casa y si le podía ofrecer hospedaje. La respuesta fue afirmativa. El monje, visiblemente congratulado, le volvió a interrogar, esta vez interesándose por el nombre del idílico paraje que se dejaba entrever desde tan extraordinario lugar. 

En la vista de nuestro monje. FotoCueto
- Inmensos valles, eternos senderos, bellos montes que acogen centenarios robles. Caudalosas aguas, que discurren por sinuosos caminos, salvando quebradas cascadas. Altas cumbres teñidas del más puro blanco manto que, junto a enormes paredes de rocas infranqueables, acompañan al andante en el arduo camino que va en busca de la redención. Este es lugar de parada y morada, destino y cruce de cañada real. Descanso merecido de bizarros pastores, que conducen interminables rebaños en busca de pasto, allá, en los altos y ubérrimos valles, más al norte. Paso de andantes, cruceros que viven en lugares increíbles y que van al cobijo de otras tierras de Paz, procedentes de otras montañas más lejanas, a varias decenas de leguas de aquí. Unos cuentan que vienen de un lugar, acorralado por inmensas aguas, donde no se avista el final del río, pero dicen que dicho agua no se puede beber. Otros aseveran que moran al pie de altas cumbres, infinitas, siempre recubiertas de nieve, se divisan perennes en la lejanía. Pero todos van en busca de un camino santo, más al sur, a dos o tres días de aquí; al encuentro de solitarios andantes de dicho camino de paz, en busca del Santo, hacia tierras en donde limita el mundo. Le contestó emocionado el posadero.

El monje sonrió con gesto de satisfacción ante la respuesta del amable posadero; este le invitaba adentrarse en los que ya serían sus nuevos aposentos.

- Quién mora en estas buenas tierras, posadero. Cómo dícese llamarse el lugar. Intervino el monje.

- Esta es aldea de gentiles hombres y laboriosas mujeres, que con esfuerzo y dedicación labran las duras y difíciles tierras valle abajo, aunque siempre esperanzados, convierten el sudor de su frente en naciente siembra. Alfareros, canteros, carpinteros, pastores, labradores, ganaderos, modestos todos. Moran humildes lares y atienden diligentes sus labores. Gentes que sacian su sed de las cristalinas aguas vertidas desde rocas próximas, a la vera del río que nace en fuentes altas. Río llegado como regato dócil, entregado y sumiso en las manos del hombre, pero furio si no le agradas. Fuente de vida en su mezcla en tierra, arcilla, barro y paja. El nombre del lugar... me preguntasteis ¿no? Bucardum, donde nacen las alturas. Respondió amablemente el posadero.

- ¿Y qué es lo que os trae por aquí, hermano? Apostilló este.

- Voy en busca de un lugar. Una tierra especial con marcado carácter espiritual, trabajadora, santa... mágica. Lugar donde moren humildes gentes, fervientes devotos, esforzados en su trabajo diario. Lugar fértil donde los haya, santificado por el esfuerzo de sus lugareños y donde las aguas de su río impregnen un nuevo germen de vida. Busco un sitio adecuado para el reposo eterno del legado que, Él, me ha encomendado... creo que lo he encontrado.

- ¿Y se puede saber cuál es tan importante legado al que os referís? Preguntó el amable posadero al enigmático y ya amigo viajero.

El monje extrajo cuidadosamente de su zurrón "la custodia" que portaba. Era un cofre de pequeñas dimensiones, acristalado y tallado sobre bella madera, sellado a plomo. En su interior, aún se podía observar algo envuelto entre algodones. El posadero, muy cariacontecido, no salía de su asombro y constantemente le requería una respuesta, pero no logró la respuesta de su interlocutor. El monje le indicó que le acompañara hasta la aldea. Surcaron la campa, sendero abajo, la naturaleza se abría paso mostrando los mejores brotes del año. A mitad de camino, entre la aldea y la posada y ya a pocos pasos de esta, divisaron completamente la extensa vega. hacia el poniente, el coloso emergía entre dos peñas, que embocaban el paso del río, y al frente, en el naciente, sobre un pequeño cerro, presidiendo la aldea y elevándose majestuosamente sobre el caserío, se divisaba la iglesia. A la vista de esta, el monje elevó el cofre al cielo buscando la perpendicularidad con esta y con voz firme e impetuosa, clamó a los cielos:

- Este es el cuerpo incorrupto de una joven monja, virgen y mártir, santa ya para siempre. Subió a los cielos en paz con Dios y en favor de sus semejantes. Murió decapitada a manos del Emir de Córdoba cuando invocaba a los infieles la única y verdadera Ley, la Ley de nuestro Dios, Nuestro Padre. Fue brutalmente mutilada y arrojados sus restos al río Guadalquivir. Fueron rescatados, incorruptos, de las aguas por sus santas hermanas. Es la reliquia de Santa Columba, a quien ahora deberéis venerar. Dispongo que las tierras de esta vega se honren en su nombre, y el templo, que nuestros ojos ahora divisan, sea lugar de reposo eterno. Desde hoy y en los siglos venideros, este será vuestro auténtico legado.

Esta es una historia llena de ficción... ¿tal vez basada en hechos reales? Quién sabe...

Autor: Eduardo Gutiérrez Pérez

#Palencia, un gran museo al aire libre.




Calle La Iglesia
ViewsIglesia de San Juan de Eduardo Gutiérrez Pérez. Visita virtual del interior de la iglesia en 360º, girar la imagen con el ratón

Views: Mirador de Guardo. Oficina de Turismo de Eduardo Gutiérrez Pérez Visita virtual en 360º,  ¿Es lo qué vio nuestro monje? Girar la imagen con el ratón

Fotografías propias previamente retocadas
Mi blog de fotografía: 

Fuentes consultadas:
- http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/25079/1/martires2.pdf
- http://www.geocities.ws/misa_tridentina01/se/17d.html
- http://profesorjuanra.blogspot.com.es/2012/09/columba-de-cordoba-santa.html
- https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Eulogio_de_C%C3%B3rdoba.htm
- http://costaleroscalvariocordoba.blogspot.com.es/2012/06/los-santos-martires-de-cordoba-i.html#.VJ9Gc14AAA