Con la tecnología de Blogger.
RSS

Paseos por el Canal de Castilla. La Venta de Valdemudo, puente de los suspiros. Segunda etapa: Presa de retención - Puente de Valdemudo

Hasta el emblemático puente de Valdemudo no solo se llega siguiendo la senda de cristalinas aguas del Canal de Castilla. Los guardenses, sobre todo los de mi generación, llegábamos antaño, también, en el autobús del "Aja"... en aquellos tiempos donde se imponía la salida de los alumnos de reaseguros dirección a los internados situados en las "lejanas" tierras salmantinas de Lumbrales o Armenteros.

Una vez en marcha, en la carretera de Guardo a Palencia, más menos en el punto kilométrico 10 de dicha calzada, llegaba la primera sensación de la jornada. A la altura del lugar denominado como la Venta de Valdemudo, entre los términos municipales de Husillos y Becerril de Campos, al cruzar el puente del mismo nombre que salva las aguas del Canal de Castilla... el suspiro estaba asegurado. La estrechez del puente, la envergadura del autobús y el desnivel en "v inversa" del terreno semi asfaltado, que a su vez sirve de base y apoyo de sus hermosos pretiles del puente, eran garantía de aparición momentánea... de aquellas revoltosas mariposas que revoloteaban por la tripa, en aquellos inolvidables años de infancia.

Pero el puente de la Venta de Valdemudo no solo lo atraviesa el Aja a su paso por estas tierras palentinas, cuando desfilábamos, guajada entera, con  destino a la capital y otros lares más lejanos. Los barqueros de la época encontraban en este concurrido cruce de caminos, el lugar ideal donde satisfacer el culto al buen yantar y disfrutar del merecido descanso ganado a pulso después de unas largas jornadas de navegación, a través de esta senda de aguas castellanas.

La Venta de Valdemudo es tal vez uno de los lugares más emblemáticos del ramal de Campos del trazado palentino del Canal de Castilla. En su día, fue un lugar de pujante actividad comercial y económica, gracias al continuo trasiego de mercancías, cerealistas, ganadería, etc. En aquellas épocas, posiblemente fuera una de las hospederías más concurridas de la comarca. Lugar de reunión no solo de barqueros, agricultores, ganaderos, etc., que apaciguaban en el lugar sus largas jornadas de tajo, sino también, lugar de descanso de aquellos sufridos pastores que atravesaban la provincia en busca de un mejor pasto.

Este emblemático paraje acoge el primer puente que se construye sobre el primer ramal de Canal, para salvar unas aguas que dejaron cortada la siempre eterna Cañada Real Leonesa. El puente, simple en ejecución, es sin embargo sorprendentemente bello. Está construido con buena piedra de sillería, extraída de cantera caliza. Luce arco semi apuntado que ofrece una imagen fotográfica fantástica, reflejando sobre sus aguas su bello aspecto. Algunos dicen que si le observas con atención su aspecto te sugerirá el perfil de un asno cargado de los frutos recogidos de sus campos.

Este recorrido lo comenzaremos en la presa de retención de Ribas de Campos. Podemos utilizar cualquiera de las dos márgenes, pues ambos caminos de sirga están perfectamente acondicionados y listos para realizar este tranquilo paseo. El recorrido es verdaderamente placentero y silencioso, solo rompe su silencio al alcanzar el paralelismo con la carretera Cl-615 -a la altura de la charca de Valdemudo- con el trasiego de vehículos. Son cuatro kilómetros de recorrido sin ninguna dificultad -¡ojo!, solo de ida, cuenta con la vuelta-.

Pero si lo coges con las ganas del guerrero que se merece un alto en la cruda batalla de la vida cotidiana... no son nada. En fin, aprovecha tu paso por esta senda de aguas atrincheradas, para disfrutar de las especies de aves que el humedal de la Charca de Valdemudo, en sus 30 hectáreas de chopos, sauces, y madreselvas, con esmerado mimo acoge entre sus enfangadas aguas.

Etapa anterior:

... Próxima etapa El Serrón

VER VÍDEO DEL PASEO:









Paseos por el Canal de Castilla. Primera Etapa. Esclusas de Calahorra de Ribas - Presa de retención

Comenzaremos esta aventura en Ribas de Campos, lugar donde se empezó a ejecutar esta ingente obra de ingeniería hidráulica de la época de la Ilustración Española. Este paseo es de unos dos kilómetros, entre ida y vuelta, de muy fácil accesibilidad y apta para todos los públicos, como bien se dice en el argot cinematográfico.

En el paraje conocido como Calahorra de Ribas se ensamblan dos ramales del Canal: el final del ramal norte, que comienza en Alar del Rey y el inicio del ramal Campos, que va en busca de la bifurcación en el Serrón con el ramal sur que llega hasta la ciudad del Pisuerga, Valladolid. En Calahorra de Ribas es el lugar donde las aguas del Pisuerga, subyugadas por este camino artificial empujadas desde Alar del Rey, se entremezclan con las aguas del río Carrión.

Los ingenieros de la época no dudaron en iniciar el proyecto en este lugar por la menor dificultad en el trazado. A su vez, les servía de plataforma de lanzamiento y probar los diferentes elementos hidráulicos necesarios en este ambicioso proyecto. Aquí encontraremos el monolito que conmemora el inicio de las obras un caluroso día 16 de julio del verano del año 1753, bajo la dirección de obra de Antonio de Ulloa.

Llegaremos a Ribas de Campos por la carretera P-984, que entronca con la N-611, antigua carretera nacional muy socorrida por los palentinos, que desde Palencia capital encaminaban sus días de verano hasta las playas de Santander, hoy sustituida por la autopista Cantabria-Meseta A-67.


No podemos llegar a Ribas pueblo, sin antes hacer una parada para soltar una lagrimilla ante el Monasterio románico de Santa Cruz de la Zarza, a un escaso kilómetro del caso urbano de Ribas, le encontraremos languideciendo dentro de una finca privada, cuya actividad empresarial, de culto a la liturgia no tiene nada, más bien al culto del buen yantar proporcionado por los productos derivados de esta vaquería.

Este monasterio es una impresionante edificación que se encuentra en absoluto estado de abandono, por desgracia, si nadie lo remedia, anuncia un futuro muy poco halagüeño para una de las joyas del románico más importantes que quedan en pie, en estos lares terracampinos de la provincia de Palencia.

El inicio de nuestro camino se encuentra a un kilómetro del centro del pueblo, siguiendo la carretera antes mencionada, en dirección a San Cebrián de Campos. Como a la mitad del camino entre las esclusas y el pueblo, debemos echar un vistazo a la enorme espadaña de la impresionante iglesia de San Pedro, el Pajarón de Campos, que nos otea desde el horizonte del pueblo de Amusco.

El punto de origen lo situaremos en el puente de Calahorra, primera bella estampa del canal que hace eterna compañía a tan magnánimas esclusas. Desde dicha atalaya, obtendremos unas excelentes vistas de las esclusas 22, 23 y 24 del Canal y de la llegada de las aguas acanaladas que se precipitan desde el norte de la provincia. Escucha con atención el estruendo producido por las aguas, que aunque profundo aún en dicho lugar, se irá escondiendo agonizante, una vez que iniciemos este bello paseo por su camino de sirga.


Las esclusas de Calahorra de Ribas son tal vez las más bellas del Canal. Son sin duda la reina de la imagen digital. Su pose ante la cámara es sibilinamente elegante, desde cualquier punto obtienes una fotografía increíble de tan hermoso lugar. A la vera, vetustas edificaciones, que en tiempos fueron el santo y seña de la modernidad terracampina, mueren sin compasión, pues el canal no simplemente entregaba aguas para el transporte cerealístico, sino que a su vez ha sido y es fuente de producción eléctrica y eje motórico de innumerables harineras, papeleras, y otras actividades de fines bien diversos.


Pero no nos perdamos en alabanzas ya desde el inicio de este trayecto. Pues según bajamos la pendiente que salvan tan sorprendentes esclusas, a nuestro encuentro nos espera el río Carrión. Ribera a este, encontraremos la presa de este emblemático río, genuinamente palentino. Seguiremos nuestro camino en busca de la senda del Canal, a escasos 100 metros. El trazado hasta la presa de retención es prácticamente recto y hay que decir que está en perfecto estado de conservación a ambas riberas, ideal para practicar este sano deporte y otros más mecanizados como la bicicleta. El canal vierte sus aguas por ambos lados, por el margen izquierdo las devuelve al Carrión y por su margen derecho las entrega a los fértiles campos de la ya deslumbrante Tierra de Campos. Es momento para disfrutar del relajante paseo y disfrutar de su naturaleza... no solo de la artificial. En pocos pasos llegaremos a la presa de retención. Su belleza simula a las construcciones de las películas otoñales de época, cuanto menos eso es lo que a mí me recuerda. Buen momento para tomar de nuevo unas fotografías, y ya de vuelta, en busca del susurro del beso cariñoso de la esclusa, volver y volver a admirar la belleza de tan enormes labios, que deleitan aguas acristaladas para de nuevo salpicarlas, salvando el terreno que, en Ribas, el paisaje acuñó para esta soberbia construcción de la más pródiga mano del hombre.

... Seguiremos hasta Valdemudo





Ribas de Campos. Canal de Castilla. Vista virtual en 360º

Vista Virtual. Para interactuar con la imagen, con el ratón mueve la imagen en todas las direcciones manteniendo pulsado el botón izquierdo. En tu móvil, simplemente mueve con el dedo en cualquier dirección en tu pantalla táctil. También puedes alejar y acercar la imagen a tu gusto -360º-.




San Andrés de Arroyo, el claustro del norte palentino por excelencia


Hay un lugar en la tierra... en donde Dios quedó atrapado entre sus piedras. Un lugar en el que cada sillar es un todo maravilloso y su conjunto es la simetría perfecta encarnada en belleza. En dicho lugar, el maestro cantero planificó su excepcional labra sobre el canto en bruto emergido de las entrañas de la tierra. Con mano experta, el hombre de la época convertía la dura roca... en perfectas galerías, que entrañan luz y divinidad entre sus arquerías al paso de las profesas. Solo alguien enormemente devoto y fervoroso es capaz de expresar en piedra tanta belleza. Sí, es verdad, exenta de la iconografía más propia de los tiempos.

El amante de la simbología mitológica aquí no encontrará ni dragones, ni arpías, ni leones, ni seres del inframundo, ni tampoco mujeres ni hombres... en posiciones que simbolizan el origen de la vida, ni en aquellas que alegorizan sus más ocultos deseos. Pero aun así, es de talla magistral... repleta de simbología alegórica a la siempre madre y viva naturaleza dada forma con mano prodigiosa y enlazando entre sí cada una de sus piedras, como si se tratase de seda. Un lugar en esta tierra... la nuestra, que transcribe sin apelar al poeta sus brillantes palabras, robándole el mérito de su musa, cuan ladrón proscrito de letras poéticas.


San Andrés de Arroyo pertenece al Ayuntamiento de Santibañez de Ecla. Es el más brillante vértice de un prodigioso triángulo patrimonial cuyos excelsos lados son Moarves, Olmos y el propio Santibañez. El monasterio lo encontraremos justo en la intersección de la carretera provincial P-222, que da acceso al casco urbano de este emblemático pueblo de la comarca de la Ojeda. El convento está situado en un lugar privilegiado. Un lugar donde el silencio y el acogimiento ha hecho un pacto con el tiempo... todo está paralizado en él... todo está intacto, como si las musas del arquitecto hubieran aletargado en sus espacios.

San Andrés de Arroyo no es una simple iglesia al típico estilo románico rural palentino. Es para los más sentimentales el cobijo ausente de los sueños y pasiones del maestro cantero. Es un conjunto monástico regentado por monjas bernardas, en donde no falta ni un solo detalle necesario para escribir con caligrafía experta todos y cada uno de los elementos artísticos, estructurales y ornamentales del tiempo del románico... y otros. La primera vez que visité la abadía de San Andrés  no tuve la ocasión de contemplar el recinto en su totalidad, en dicha ocasión se quedó perdido en el fondo de mi mochila el excepcional claustro y la sala capitular, tuve que conformarme con disfrutar exclusivamente de la parte que las hermanas tienen abierta al público en general: la iglesia, que no es poco.

El cenobio en su conjunto en general lo encuentras exento de obras pictóricas, pero el gran estilismo de sus líneas y la excepcionalidad de su labra hace que este detalle pase totalmente desapercibido. Además, esta curiosa ausencia de frescos, consigue que la piedra reine con absoluto poder sobre el recinto, perpetuándose intramuros con su máximo esplendor. La abadía inicia su andadura en la segunda centuria del segundo milenio de nuestra era, de la mano de la condesa doña Mencía de Lara, hija de Lope Díaz I de Haro, señor de Vizcaya. Eran años portentosos en construcciones eclesiásticas. Habitualmente, dichos templos eran financiados, regentados y auspiciados por la realeza y la alta nobleza. En el caso palentino, son muchas las edificaciones clericales que van transformando sus vetustos templos a nuevas estructuras, fieles al estilo románico palentino. En dichos años, comienzan a salpicar toda la extensión provincial, surgiendo un movimiento artístico esplendoroso que transforma profundamente los templos en los posteriores años.


La entrada principal del monasterio ya nos aguarda impávida con la primera sorpresa. A la izquierda, un ancestral rollo de justicia invita a adentrarnos en el convento y revivir épocas tal vez algo más turbulentas. En el interior del patio, el románico empieza hacerse presente, aunque en este caso de épocas algo más tardías. En dicho lugar, lo más significativo es la espadaña que se eleva sobre la capilla situada a la vera del rollo justiciero y en la que su única tronera está huérfana de campana, pero no exenta de cámara de vigilancia.

El centro del recinto monacal es perfecto para girar en 360º grados y revivir de un plumazo las diferentes épocas y vidas pasadas a la vera de este excepcional monasterio. En cual-quier dirección existe un elemento arquitectónico para visualizar y disfrutar, pero aun así, es su interior el que guarda con celo los más brillan-tes recursos artísticos. Al frente, la iglesia, detalles del románico empiezan a enseñar su vitola. En el lateral norte luce un extraordinario pórtico con cuatro soberbios ventanales, revestidos de bellos capiteles y rectilíneas columnas, además de un  soberbio hastial, que mira sin vergüenza al poniente, nos enseña su  sobria y consistente construcción. La iglesia está armada en el tardo-románico, se empieza a notar la inspiración gótica en sus trazos, un hibridaje muy común en muchas de los edificios clericales de aquellos años. Su fábrica se alza en planta de cruz latina, aunque de difícil percepción para el inexperto a causa de los diferentes adosamientos.

Su cabecera es triabsidal. El ábside central es poligonal, consta de siete ventanales de simetría perfecta, que entregan al templo las primeras luces del día, en este aspecto se vuelve a definir la mano experta del arquitecto. La iglesia, lugar espiritual donde lo haya, está perfectamente conservada, sencilla, armoniosa en sus líneas, sobria... pero extremadamente bella. Ahora gira sobre tu eje, hacia la izquierda, y disfruta de la capilla llamada de los forasteros, otrora lugar de oración para el merecedero de justicia. En la misma línea de mirada encontrarás las antiguas estancias de la servidumbre. A la derecha, la comunidad actual de las hermanas y su despacho de repostería, todo un lujo para el deleite del paladar del buen visitante. Pero llegado a este punto y ante la grandiosidad de lo observado, solo cabe preguntarse: ¿dónde está el tan aclamado claustro y la tan apreciada sala capitular del convento? Para ello tienes que concretar la visita con las hermanas de la abadía. Gustosas te lo muestran, orgullosas de saber que la joya que custodian con verdadero celo... deja honda e inolvidable huella en el visitante.


La entrada a la sala capitular es soberbia. Se accede desde el claustro a través de la galería más oriental. Consta de un vano, libre de puerta, acompañado de cuatro ventanales en arco, sustentadas sobre un conjunto de columnas donde descansa la arquería entre bellos y perfectos capiteles labrados con sencillos motivos vegetales. El espíritu de Doña Mencía, primera abadesa del monasterio, vigila desde el descanso eterno la perfecta conservación de la bóveda de crucería; hoy restaurada por mano experta. Pero es el claustro monástico quien enmudece a la palabra... y al sonido de la cámara fotográfica.

Destacan sus columnas esquinares, labradas magistralmente y claramente más gruesas que las del resto del maravilloso conjunto columnario dual de las galerías. Abrazan sigilosamente los silencios del claustro, pues el tallador del medievo, ajustándose a los deseos del clérigo, dejó exentas de cual-quier iconografía fantasiosa que distraiga el rezo del cenobita. Alineadas a la perfección las encuentras. Su labra experta, pero sencilla, dotan al claustro del recogimiento necesario para no distraer la oración, como ya hemos descrito. Su diseño y sus perfecta lineas son para los más fieles del más grandioso estilo románico, aunque bastante tardío y con clara influencia del gótico, la auténtica simetría encargada por Dios.


En definitiva, no está de más que en la visita incluyas el as-censo al Cerro de la Horca, desde dicho lugar obtendrás unas excepcionales vistas de la zona. Una vez arriba, aguarda un momento en silencio, contén la respiración una y otra vez. Escucha el susurrar del viento y ahora suspira... e imagina la voz de la abadesa advirtiendo al ajusticiado... del poder otorgado sin duda solo por el hombre, para hacer justicia sobre el pecador... de  pérfido comportamiento:

"Por privilegio titular de horca y cuchillo con jurisdicción civil y criminal sobre las once villas: San Andrés del Arroyo, Nestar, Perazancas, Alar, La Vid, Villavega, San Pedro de Moarves, Amayuelas de Ojeda y Santibañez. Justicia leo, justicia hago, justicia impongo sobre este rollo del que peca en tierra".





Fotografías propias previamente retocadas
Mi blog de fotografía: 
http://miradaeneltiempo.blogspot.com.es/

Vista Virtual. Para interactuar con la imagen, con el ratón mueve la imagen en todas las direcciones manteniendo pulsado el botón izquierdo. En tu móvil, simplemente mueve con el dedo en cualquier dirección en tu pantalla táctil. También puedes alejar y acercar la imagen a tu gusto -360º-.




La geometría perfecta del alumno aventajado de Dios


Quién no ha escuchado en alguna ocasión, hablando del románico  palentino, referirse a Frómista, concretado en la excepcional iglesia de San Martín, como el lugar donde mora la obra cumbre del románico rural palentino. Frómista es un crucero de diferentes estilos arquitectónicos auténticamente privilegiado. En ella se asientan cultura, tradición, devoción, patrimonio, arquitectura y modernidad, como grandes valores, simbióticamente hermanados, en una localidad que les acoge sin ningún recelo ni reparo. Los esperanzados peregrinos de la senda del Ápostol, que de este a oeste atraviesan, con esfuerzo... mucho esfuerzo, el corazón de la provincia de Palencia en busca de unos momentos de divinidad, encuentran en Frómista un lugar ideal para la devoción más íntima y personal, donde el esfuerzo realizado es plenamente recompensado, gracias a la magia que desprende cada uno de los hermosos rincones de esta bella localidad palentina.

Cuando doña Mayor, viuda del rey Sancho Garcés III y Condesa de Castilla por nacimiento, ordenó construir la iglesia del monasterio benedictino de San Martín, hoy desaparecido, allá por los años sesenta del siglo XI, estaba escribiendo, tal vez sin ser consciente, una página única, brillante, excepcional e irrepetible en la historia del románico, ligada al patrimonio real de la época. A pesar de la restauración llevada a cabo a finales del siglo XIX, San Martín es, cuanto menos sentimentalmente para mí, la obra cumbre del románico español, sin ningún género de duda ni discusión, por mucha controversia que esta afirmación cause.

San Martín de Tours transpira arte por todas sus piedras. Fue declarada Monumento Nacional en el año 1894, dicha nominación propició que se acelerara su “polémica” restauración, la cual ha suscitado miles de comentarios. A finales del siglo XIX, el arquitecto madrileño, Manuel Anibal Álvarez, se encargó del proyecto de restauración del templo. A su llegada a Frómista, se encuentra con una espectacular iglesia, que lamentablemente anuncia un inminente estado de ruina. En ese mismo momento, es consciente de que no es una simple restauración la que tiene que proyectar, pues en algunas zonas del templo la actuación a llevar a cabo se aproximaría más bien a una íntegra e importante reconstrucción. El planteamiento final, después de diversos y minuciosos estudios sobre el terreno, el arquitecto lo tenía meridianamente claro: debería afrontar en las zonas necesarias una restauración integral y así devolver el aspecto dinástico y señorial que el templo nunca debió perder.

La iglesia luce una excepcional catálogo de capiteles, todos de indudable valor patrimonial. Durante la actuación antes indicada, algunos de los capiteles fueron restaurados, otros viajaron hasta diferentes museos nacionales y al menos uno, según diversas fuentes, sufrió las iras de la vergüenza, siendo mutilado por indecoroso. Aún así, el plantel de capiteles que ofrece al día de hoy, labrados con las más diversas temáticas, es soberbio. Hay que advertir que no todos ellos son originales, pues algunos fueron reemplazados durante la restauración por  réplicas -identificaremos algunos porque este detalle se indica con una “R”-. Aún no siendo los originales, ostentan gran valor patrimonial, aunque en este caso concreto solo sea en el ámbito sentimental.


La edificación responde a la tipología de planta constructiva basilical de tres naves con crucero, acompañada del mismo número de ábsides, en este caso escalonados. Presenta un espectacular cimborrio, que según la maqueta que se puede contemplar en el interior del templo, en su día estaba acompañado de una esbelta torre campanario. La fachada de poniente posiblemente sea la estrella más deslumbrante de la imagen digital. Es imposible encontrar un grupo de redes sociales donde dicha fachada no haya sido compartida por los usuarios miles de veces. Las dos torrecillas, que a ambos lados escoltan armoniosamente el pórtico de la entrada y cuyo acceso obedece en su caso al ocaso, valga la redundancia, espero sea bien entendido, pues lo digo porque este narrador nunca la ha visto entregar sus pasos al interior del templo, ofrecen una vista al espectador verdaderamente emocionante. 

Pero por otra parte... son sus -in situ- incontables canecillos los que ofrecen mayor singularidad en cuanto a técnica escultórica. Me aseguran que hay unos 300, no he podido contarlos nunca, pues siempre que empiezo... me pierdo el momento para captar una fotografía de algo nuevo descubierto... al alcance de mis retinas. Encontraremos, en ellos, motivos labrados para todos los gustos. Parece un catálogo resumen de la geometría que en otros templos de la provincia nos vamos a encontrar. Abundan los esculpidos con formas vegetales, animales, figuras humanas e inhumanas en las más curiosas flexiones y declinaciones posibles, y como curiosidad varias representaciones de monos en diversos estilismos, propios de estos animales.


Es perfecta para fotografiar desde cualquier punto. La plaza, la cual preside honrosamente, hace las veces de girola, advirtiendo al visitante de que es una perfecta anfitriona. Es una auténtica preciosidad de templo, el lateral norte, el sur, la fachada de poniente, la cabecera ábsidal, cualquiera de ellas bien encuadradas con el visor de la cámara, en solitario, o bien  acompañadas de la bicicleta del peregrino apoyada sobre los sillares que busca el mejor selfie para la posterioridad, ensalza aún más el porte de esta bella dama del románico. Para García Guinea, "la iglesia de San Martín de Frómista es como el canon de la arquitectura de los siglos XI y XII". Y para mí... el que fuera su maestro de obras... el alumno aventajado de las clases magistrales de geometría templaria, impartidas por Dios.



Frómista. Cómo llegar. Utiliza la tecnología de Maps para obtener la ubicación



Frómista. Vista virtual en 360º

Vista Virtual. Para interactuar con la imagen, con el ratón mueve la imagen en todas las direcciones manteniendo pulsado el botón izquierdo. En tu móvil, simplemente mueve con el dedo en cualquier dirección en tu pantalla táctil. También puedes alejar y acercar la imagen a tu gusto -360º-.


El Cristo del Otero, Palencia. La obra cumbre de Victorio Macho


El Cristo del Otero es la obra cumbre del escultor palentino Victorio Macho. Su construcción data del 1931 y está considerada una de las esculturas de Jesucristo más altas del mundo. Está ubicada sobre uno de los cerros que dominan la ciudad de Palencia, sus más de 800 metros de altitud sobre el nivel del mar, y la privilegiada situación de dicha cumbre, contrasta con la inmensa llanura de la Tierra de Campos Palentina, consiguiendo de esta forma que la majestuosa silueta del Cristo no pase desapercibida para el visitante prácticamente desde ningún rincón próximo a la ciudad. Bajo sus pies, se encuentran la ermita de Santa María del Cerro y el Centro de Interpretación dedicado a la obra del escultor palentino. En este conjunto natural y escultórico sin igual, se conjuga a la perfección... tradición, arte, devoción, fervor y también, como no... leyenda. Victorio Macho descansa eternamente entre los muros del museo dedicado a su persona -ubicado en lo alto y bajo la base de la insigne estatua- por expreso deseo del artista. Adentrándonos en este espacio cultural, entre algunas muestras de su más significativa obra, en el silencio... percibiremos el espíritu y el gran legado pasional, artístico y cultural que nos dejó el maestro. Un excepcional mirador, construido a los pies de la escultura, permite ver una panorámica extraordinaria de la ciudad, el mismo horizonte que el Sagrado Corazón de Jesús tiene ante sus impresionantes ojos, cincelados sobre el duro y sobrio hormigón.

Subir el cerro a través de la carretera que lleva directamente a los pies del Cristo... es una sensación inigualable, pues según te vas acercando a la cumbre, percibes la enorme magnitud de la obra y comienzan a dispararse las emociones más sensoriales. Una vez en lo más alto, y ya bajo su influjo, impresiona la majestuosidad de la escultura. Su esbeltez y belleza no tienen parangón, algunos incluso defienden que la escultura es comparable a las faraónicas obras del antiguo Egipto, en este aspecto, son variadas las "historias urbanas" que corren como la pólvora por las redes sociales, la que más me llama la atención... es la que afirma que Victorio Macho, para su construcción, se inspiró en las fabulosas obras de esta ancestral civilización. En este sentido, yo ni quito ni pongo, pues soy profano en el tema, pero me parecen respetables todos y cada uno de los puntos de vista expresados para ensalzar y mitificar la historia de tan sorprendente legado, y más cuando el interés principal sea el de promocionar y enseñar al mundo entero nuestro espectacular patrimonio. 

Pero vamos a aspectos más mundanos y relativos a la obra material de la estatua. El profesor Segundo Fernández Morate, licenciado en Historia y autor del libro "El Cristo del Otero. Leyenda, tradición e historia", indica que en los nueves meses que duró la construcción del Cristo -de junio de 1930 a febrero de 1931- participaron once payos y un gitano, por expreso deseo del escultor. La obra contó con dos proyectos; el inicial, redactado en el año 1927, que no terminó viendo la luz, por lo menos tal como se concibió y un segundo y definitivo, que salió adelante gracias al tesón del escultor, el obispo y varias personalidades más de la época. Asimismo, este historiador indica que fue vital la aportación del arquitecto Jerónimo Arroyo y el maestro de obras, Germán Calvo, para poder realizar esta escultura sobre una ermita que se encontraba prácticamente en ruinas. (así es como se cuenta y se redacta en una publicación del Norte de Castilla).

Las vistas desde el Cristo son impresionantes, no exagero, auténticamente privilegiadas, sino... sube y verás. La Catedral, o la Torre de San Miguel, por poner algunos buenos ejemplos, lucen con mayor intensidad, si cabe, bajo los dominios del Cristo y ante la vista del Sagrado Corazón de Jesús. Además, es de agradecer la restauración que se ha llevado a cabo en junio de este año 2015, que ha remozado después de 84 años de viva historia -testificando la vida de los palentinos- la imagen de la escultura. El Cristo, hoy, luce espléndido, tanto durante las horas de luz que el Astro Rey le otorga al día, como sobre la oscura noche palentina, en este caso... gracias a su renovada iluminación. 

El lugar no está exento de tradiciones. Una de las más aclamadas y populares es aquella que cuenta... cuando en la ermita del cerro tuvo que refugiarse Santo Toribio, obispo de la localidad leonesa de Astorga, huyendo de la ira de los lugareños, allá por los años centrales de la quinta centuria de nuestra era. En aquellos tiempos, el prelado astorgano había acudido a Palencia con la intención de reconducir a los palentinos en el catolicismo oficial de la época, predicando para ello e incontestablemente, contra la "herejía priscilianista" (doctrina cristiana implantada por Prisciliano en el siglo anterior), que estos profesaban mayoritariamente. Pero quiso el momento histórico... que el río Carrión, siempre eterno a la vera de la capital palentina, se desbordara inundando con sus bravías aguas gran parte de la ciudad. Esta devastadora catástrofe arruinó muchas de las casas, granjas y campos de los sufridos habitantes de la comarca. Convencidos de que eran merecedores de un castigo otorgado por la divinidad, como pago por su afrenta a Dios significado en la lapidación llevada a cabo sobre Toribio, hizo que los palentinos, sin duda arrepentidos por su acción, ascendieran sin dilación el cerro que hoy alberga la escultura del Cristo del Otero para reclamar el perdón del prelado astorgano, que allí se encontraba refugiado. De ahí la tradicional Romería de Santo Toribio que se celebra en el mes de abril, en el entorno de este idílico paraje. Esta popular y tradicional fiesta palentina está declarada de Interés Turístico Regional, y en ella se "apedrean", a los pies de la magnánima escultura, más de 7.000 raciones de pan y quesillo en recuerdo a la persecución y apedreamiento del Santo llevada a cabo por las calles colindantes de este lugar... verdaderamente mágico... y de enorme poder.

En definitiva, para finalizar, invito a los lectores de este humilde blog a aportar y completar con sus narraciones, leyendas, historias o simples recuerdos lo que este bloguero por desconocimiento se haya dejado en el tintero... que seguro que será mucho, para eso estamos.

Palencia, un gran museo al aire libre.

Todas las fotografías están realizadas por mí mismo, puedes compartirlas para cualquier acción personal de promoción de nuestra provincia.

Fotografías esféricas en 360º realizadas desde el mirador del cerro. Gira el ratón en todas las direcciones:

Sepultura de Victorio Macho en el Centro de Interpretación


Vista de la Catedral desde el Cerro del Otero
Ermita de Santa Toribio


Vista de Palencia desde el Cerro del Otero




Fotografías propias
Mi blog de fotografía: 

Perazancas de Ojeda, el estilo lombardo en Palencia. Ermita de San Pelayo


Perazancas de Ojeda es un pequeño pueblo palentino perteneciente al Ayuntamiento de Cervera de Pisuerga. Es el nexo de unión entre la comarca de la Ojeda y la Montaña Palentina. De hecho, este emblemático pueblo, conjuga en sí mismo y a la perfección ambas ubicaciones, geográficamente pertenece a la "románica" comarca de la Ojeda, pero administrativamente a la Montaña Palentina. Es una de esas típicas localidades del mundo rural palentino a la que te acercas con la intención de contemplar su iglesia parroquial, y te encuentras con un impresionante templo de estilo románico, al más puro trazo palentino, en pleno corazón del casco urbano de la localidad. Pero ahí no acaban las sorpresas, aproximadamente a un kilómetro del pueblo, junto a la carretera provincial en dirección Herrera de Pisuerga y en medio prácticamente de la nada, te encuentras con la segunda sorpresa de la jornada: la bella ermita románica de Perazancas, advocada a San Pelayo.

Iglesia parroquial de la Asunción. Perazancas
Pero vamos a lo que nos ocupa, ya que estamos hablando del románico de Perazancas, voy a intentar relatar unos interesante detalles sobre la ermita de San Pelayo, pues tiempo tendremos de hacer un intenso recorrido por su templo "principal": la iglesia parroquial de la Asunción, que también es digna de ver y mencionar. La Ermita de San Pelayo es una visita obligada en la ruta del románico de la Ojeda. Los templos románicos, ubicados en Moarves, Olmos y Peranzacas, entre otros, constituyen un conjunto arquitectónico único. Están datados en los inicios del segundo milenio, son simplemente soberbios. Personalmente, esta ruta es una de mis preferidas, por su proximidad en cuanto a concentración de puntos de interés a visitar y sin demérito del resto de recorridos palentinos, que con un poco de interés podemos trazar por los caminos del más bello románico palentino, por supuesto. Pero como ya he descrito anteriormente, Perazancas puede presumir de ostentar en su seno dos impresionantes legados adscritos a épocas de principios del segundo milenio verdaderamente brillantes: su iglesia parroquial y la mencionada ermita de San Pelayo. Es verdad que dicha ermita impregna en el visitante un halo espiritual sin igual e incluso, si no tienes la oportunidad de disfrutar de su interior... porque encuentres su puerta cerrada a cal y canto, el simple deambular por su exterior... te hace transpirar un sentimiento de paz y espiritualidad, que hace remontar a tu imaginación... a aquellos años del medievo en los que fieles y devotos purificaban sus almas a la vera de este mágico lugar.

El ermita es una joya en bruto del románico palentino. Su ábside, inspirado en el estilo lombardo importado de tierras mucho más al oriente, y sus reducidas dimensiones, son lo primero que llama la atención. Sorprende la diferencia de construcción de la nave que acoge el interior del templo, que es completamente rectangular, con el adosamiento a esta de su ábside, este detalle ya te da que pensar... que el tiempo se ha encargado de modificar y replantear su estructura original, muy poco habitual por estos lares. La nave principal conserva dos aberturas al exterior, en su orientación sur, sobre su pared meridional, que le entrega al templo la armoniosa luminosidad de los brillantes mediodías de la Ojeda. Además, se puede observar las marcas de una presunta puerta, hoy totalmente cegada, en su ala norte. El acceso a la ermita se realiza a través de una simple abertura efectuada sobre su fachada de poniente. Esta ofrece una decoración de medio punto dovelada, con sendas columnas sobre dos capiteles de aspecto muy ancestral, que constatan la extraordinaria sencillez del edificio. El ábside es el elemento arquitectónico del templo actual más antiguo, conserva una ventana en su flanco sur, que recuerda sus orígenes más románicos pero que no escapa de su curioso diseño de auténtico estilo lombardo, los amantes de este arte, disfrutarán de su sencillez y a la vez elocuente belleza. Asimismo, un pequeño tragaluz ventana en el naciente llena el interior de la ermita... de los aún débiles rayos de luz del albor, que no le falla a cada día. 

La construcción está datada, probablemente, en los años previos al 76... del segundo milenio, pues así lo atestigua una inscripción realizada sobre la lápida de consagración del templo, que ahora hace las veces de dintel en la cegada puerta norte. Pero es su interior... lo que te llena de gozo y fervor. Impresionan los sarcófagos que en él se conservan, la figura humana tallada sobre dicha piedra, es un firme ejercicio de la relatividad de la efímera muerte y de la vida eterna. La sencillez de su escasa decoración y ornamentación impregnan a la ermita de un espíritu plenamente rural, la simpleza y sencillez de su altar, situado sobre el centro del cilindro absidal y liberado de grandes recursos artísticos, transmite en el creyente un verdadero sentimiento de profunda devoción, pues evoca en el visitante... que lo importante es la silenciosa oración y no el alarde de grandes recursos eclesiásticos.

Pero uno de los verdaderos puntos de interés de la ermita, está en los restos de pinturas que esta aún conserva. Aunque son pocos los trazos pictóricos que en la actualidad podemos disfrutar... estos son de gran interés y valor. Haciendo un ejercicio de imaginación, podemos deleitarnos con cada una de las imágenes que sobre sus paredes impregnó el artista pintor de aquellos románicos años, En sus encalados muros, en la parte absidal, podemos admirar de una pequeña parte de lo que con seguridad fue un excepcional Pantocrátor, en este caso yo no fui capaz de deducir la presencia del habitual tetramorfos a su lado, que seguro que lo habria. De un apostolario, este si que es una delicia aún observarlo, y posiblemente, un calendario de antaño, que daba buena muestra de las tareas agrícolas que en la época se realizaban.

En definitiva, la ermita de San Pelayo es un lugar especial y encarnado para la oración más espiritual del amante del románico creyente y para la ensoñación y disfrute artístico del amante del románico más exento de esto. Esto que aquí cuento se refleja, literalmente, en el cartel que a intramuros, en el lado del evangelio, podemos alcanzar a leer:

Aquí oraron Reyes, Príncipes y Nobles de España y Europa, entre ellos Alfonso VIII, la Reina Doña Leonor y sus hijos, San Fernando, Rey de Castilla y San Luis, Rey de Francia.

VISTA VIRTUAL DE LA ERMITA DE SAN PELAYO (GIRA CON EL RATÓN EN TODAS LAS DIRECCIONES)
















Fotografías propias previamente retocadas
Mi blog de fotografía: