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Palencia, camino del más bello románico (IX). Iglesia de la Asunción, Villabermudo, la siempre bien acompañada

Cabecera del templo. Ábside
La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Villabermudo... nunca está sola, pues este bello templo que conserva aparentemente su planta románica desde hace más de 800 años, siempre estuvo perfectamente acompañado... ¡y no es poco orgullo para ambos! A escasos dos kilómetros de este bello paraje, se encuentra también, en perfecta sintonía, armonía y paralelismo cartográfico, la excepcional iglesia románica advocada a uno de los santos más venerados del cristianismo, San Lorenzo, en Zorita del Páramo, templo al cual dediqué mi artículo anterior en este mismo blog. 

Es verdad que, aunque se adivina aún su inicial construcción de planta, el templo, hoy, solo conserva de su estilo románico original, un armonioso ábside -aunque semitapado por añadidos posteriores-, una bella ventana del más puro estilo románico sobre el pórtico de entrada meridional y los sobresalientes canecillos que se configuran a la vista del visitante con diferentes figuras antropomorfas y otros motivos difíciles de identificar, entre ellos, alguno que deja entrever las más calenturientas ideas que profesaba, en su día, su expectante tallador y que, por suerte, aún coronan su ábside y parte del alero en la techumbre de su nave central. 

En su interior, podemos encontrar interesantes capiteles románicos, prestando a la iglesia un intenso ambiente de espiritualidad verdaderamente enaltecedor. Es curioso observar, en una de las construcciones añadidas al originario muro norte de la edificación, una puerta con arquivoltas interesantemente conservada y del mismo semblante que la ventana del muro meridional, antes descrita. Son para mi gusto, tal vez, demasiados los añadidos que a lo largo de los tiempos ha sufrido dicha iglesia, pero esto no le resta "ni un ápice" de interés a la extraordinaria belleza que ensalza a todo el conjunto, pues, además, como si fuera una estrella de Hollywood, se ofrece voluntariosa para ser perfectamente fotografiada desde cualquier ángulo... Ya sabes, no pierdas más tiempo... Villabermudo te espera... y agárrate que vienen curvas... que nos adentramos en breve en la capital del románico español, Aguilar de Campoo. Te espero para este nuevo viaje.

#Palencia, un gran museo al aire libre.




Puerta en el poniente
Fotografías propias previamente retocadas
Mi blog de fotografía: 



Palencia, camino del más bello románico (VIII). San Lorenzo, en Zorita del Páramo


Pórtico de poniente
San Lorenzo fue quemado vivo y cruelmente martirizado hasta la muerte, por orden del prefecto de la ciudad de Roma en el año 258, lugar donde ejercía una importante labor eclesiástica como diácono de la Iglesia Católica. Posiblemente nació en Huesca, en la Hispania Terraconense, aunque también se asignan su nacimiento otras tierras próximas... aunque en cualquier caso, siempre dentro de los límites geográficos de esta bella piel de toro, nuestra España actual. Es uno de los santos más venerados por los cristianos y santo patrón de los bibliotecarios, pues fue oficialmente el primer archivero nombrado por la Santa Sede, a la par que ejercía como  administrador y custodio de sus bienes, una labor cristiana de entrega a los demás que le llevó a la muerte.

Pero es, precisamente, su nombre de nacimiento: Laurentius, que traducido del latín significa "Laureado", lo que le une irremediablemente a la localidad Palentina de Zorita del Páramo -vamos, digo yo, esto es una aportación meramente mía-. Y a esto es a lo que precisamente me refería, pues... muy laureado es... el impresionante templo que luce enormemente orgullosa esta pequeña localidad palentina, próxima a Herrera de Pisuerga. En mi opinión, es una de las iglesias que mayor encanto ofrece al amante de este tipo de patrimonio, templo que a su vez, inicia -si recorremos dicho camino desde el sur de la provincia de Palencia- la ruta del más bello románico, con destino hacia el laureado y espectacular patrimonio... conocido como la ruta del "Románico Norte Palentino". 

Este templo conserva, como ninguno, la planta originaria de su construcción -se adivina la cruz latina en toda su planta-, posiblemente, iniciado allá por los medievos años de la doceava centuria del calendario gregoriano. La Iglesia se divisa espléndidamente majestuosa desde la autovía de la meseta, prácticamente a la altura de Herrera de Pisuerga, pero cardinalmente hablando, a su occidente. Según entras en la localidad y te diriges hacia la Iglesia, vas a dar directamente con su fachada meridional, donde se encuentra la hoy considerada entrada natural al templo... imponente. A su vista... ¡estupefacto quedas al observar su pórtico!, y lo primero que te cuestionas es: ¿dónde está el románico que el amigo Eduardo con tanto entusiasmo comenta?, "pues... es verdad, lo primero que te encuentras... bajo una especie de coqueto claustro y bajo tejavana... es una espectacular y hermosa fachada, clasificada como plateresca", pero también es verdad que, en cuanto la observas con detenimiento... verás un bello apostolado tallado en piedra, que parece ser que fue re-colocado muchos años después, una vez desmontado del otrora pórtico original. Pero si lo que buscas es ver una perfecta muestra del mejor románico en su estado más puro, asómate a la fachada del poniente o a su cabecera... Embelésate con el maravilloso pórtico que podrás observar. Con el armonioso ábside, perfectamente orientado al naciente, o con el cimborrio rectangular que preside su nave principal y así confirmarás el por qué de tan laureado honor

Zorita del Páramo entusiasma.
#Palencia, un gran museo al aire libre.

Portada de estilo plateresco
Cabecera absidal
Fachada meridional
Fachada de poniente

Fotografías propias previamente retocadas
Mi blog de fotografía: 

La reliquia de Santa Columba de la Iglesia de San Juan... el secreto mejor guardado (2)

Reliquia de Santa Columba. Sacristía de la Iglesia de San Juan de Guardo. Hueso incorrupto del antebrazo de la Santa, protegido entre algodones
"Hermosísima y nobilísima, espejo y norma de santidad para todos los cordobeses..."

Así de tajante se expresaba San Eulogio cuando se refería a la noble y joven Columba. Santa de Dios de gran vocación cristiana. Descendiente de una importante familia patricia, acomodada y poderosa en tierras y patrimonio asentada en Córdoba desde tiempos inmemorables, incluso antes de la subyugación árabe sobre la emblemática ciudad Andaluza.

Columba nació, vivió y murió en Córdoba, en épocas en la que la ciudad estaba bajo el domino musulmán,  más concretamente, en los años del segundo cuarto de la novena centuria. Según cuentan los textos de San Eulogio, eran años difíciles para el catolicismo. Procesar la religión cristiana era todo un acto de heroísmo. Los musulmanes, en un afán de querer mostrar un aparente aperturismo sobre el resto de culturas y religiones de la ciudad -excepto las paganas-, principalmente sobre la judía y la cristiana, a cuyos miembros no se les perseguía, permitiéndoles procesar el credo, aunque exclusivamente en los templos destinado a dicha causa, previo pago de una tasa o impuesto... claro está.

Aun así, el califato vigente primaba la islamización de la sociedad, para ello, promulgaba leyes que prohibían predicar el credo cristiano fuera de los templos e imposibilitaban el acceso de estos a cargos públicos. Promulgaban leyes que obligaba a los cristianos a tener que reverenciar a cualquier musulmán que se encontrasen a su paso. San Eulogio cuenta en sus textos los numerosos actos vejatorios, apedreamientos e insultos que recibían los cristianos, incluso por cuenta de los niños. En todas las ocasiones, ante la denuncia de estos hechos, eran considerados por el Cadí (juez) como cosa de juegos infantiles. Otras leyes contenían un cariz mucho más dramático, por ejemplo, la que consideraba una blasfemia cuestionar el Corán, renegar del Islam o promulgar la renuncia a su Profeta, hechos que eran castigados con la muerte. Estas y otras reglas, emitidas por los Emires, consiguieron que gran parte de los cristianos renegasen de su fe, convirtiéndose al Islam por miedo a la persecución musulmana. Pero hay que decir que dicha subyugación también provocó un efecto completamente opuesto al pretendido; como ejemplo, el de los llamados "Santos Mártires de Cordoba". En este sentido, muchos clérigos, y también más de un seglar, acogieron para sí mismos un movimiento martirial sin igual en la historia conocida y que acabó con la vida de casi un centenar de mártires cordobeses.

Columba era una mujer joven y muy hermosa, profundamente deseada por el prefecto del consejo ciudadano de la ciudad, pero su convencida decisión de entregarse a Dios casi desde la niñez, forjó en la joven cordobesa una incipiente vocación religiosa que la llevó a procesar una vida de plena dedicación a los demás, en misericordia, caridad, humildad, sencillez y castidad. Fueron precisamente las enseñanzas promulgados por San Eulogio, al que la joven seguía fervientemente, las que forjaron el carácter de Columba. San Eulogio era hombre de gran sabiduría y experto en el conocimiento de las Sagradas Escrituras. Dedicó gran parte de su vida a la vida pastoral en los monasterios de la provincia de Córdoba. El monasterio de Tábanos fue uno de sus lugares predilectos, en él impartía sus profusas enseñanzas. Este religioso cordobés, junto con San Isaac y otros tantos mártires de la época, hartos de las disposiciones moras, eligieron morir mártires antes que vivir indignamente y ser obligados a rechazar a Dios; consolidando, así, como dogma de fe, el movimiento martirial cordobés.

Dicho magisterio impregnó en Columba una fuerte vocación cristiana. A su vez, curiosamente unos años antes, la fe cristiana también había prendido intensamente en parte de sus familiares más próximos; entre estos, en algunos de sus hermanos y cuñados. Algunos de los miembros de su familia fueron los fundadores del monasterio cordobés de Tábanos, convento de carácter dúplice, dedicado a la oración de hombres y mujeres. Dicho convento estaba ubicado a unas dos leguas al norte de la ciudad, parece ser, según algunos expertos, enmarcado en un bello paraje de la incipiente sierra cordobesa. Pero la oposición de parte de su familia, rota y dividida por los acontecimientos acaecidos por causa de la islamización de algunas familias hispano-romanas; y sobre todo su madre, mujer de endeble consistencia cristiana que nunca pudo entender como algunos de sus hijos podían renunciar a sus privilegios para entregarse a una vida en pobreza, humildad y carente de necesidades opulentas, hizo que la joven huyera de su acomodada casa familiar para refugiarse, entregándose definitivamente a Dios, en el monasterio Tabanense, lugar de acogida de gran parte de los mártires andaluces que fueron victimas de los moros. 


Previamente su madre había intentado, sin ningún éxito y con la férrea oposición de Columba, la conversión de esta y así poder desposarla con el prefecto del poderoso consejo de la ciudad, que estaba obsesivamente prendada de ella. La obcecación materna era emparentar con el alto mandatario de la Córdoba de aquellos tiempos, aunque esto requiriese de renunciar al credo cristiano de las familias de origen hispano-romano. Los hombres de la ciudad veían en Columba una belleza sin igual, reflejaba en la pureza de su nombre: Paloma, y una exquisita similitud a la hermosura y fragancia de los floridos jardines que inundaban la ciudad cordobesa; pero estos amoríos de primavera eran rechazados continuamente por la bella Columba. Su convencida oposición a entregarse a ninguno de estos, terminó ocasionando verdaderos problemas de convivencia en el entorno familiar, siendo el motivo determinante de su precipitada huida al dúplice monasterio de la sierra cordobesa. Una vez en el cenobio, su hermano Martín, abad del monasterio Tabanense, la encomendó junto a su hermana Isabel, la superiora de las monjas, regir los destinos del recinto eclesiástico en la zona destinada a las religiosas. Se convirtió en una rectora ejemplar, entregada por completo a los demás y a las tareas diarias del convento, aunque la condición mixta del recinto monacal... provocaba algunos problemas de convivencia. Las tentaciones que la rodeaban y los momentos de debilidad arreciaban contra su voluntad, aunque nunca doblegaron su enorme fervor y devoción hacia Dios. Columba exigía para sí, el mismo fervor que para el resto de las religiosas del convento. San Eulogio, que había convertido a dicha monja en una de sus más predilectas discípulas, dijo de ella: “Columba es perfecta en la castidad, firme en la caridad, constante en la oración, pronta en obedecer, propensa a la misericordia, fácil en el perdonar, pronta a la enseñanza, dispuesta a enseñar”. 

Corría el año 850 cuando la muerte sorprendió a su hermana Isabel, la abadesa. Fue entonces, coincidiendo con los momento más duros de la persecución musulmana contra los cristianos, cuando Columba fue nombrada nueva priora. La temprana e inesperada muerte de su hermana hizo que Columba cayera en una grave depresión, aunque este estado no impidió que rigiera acertadamente los destinos del monasterio, en tan convulsos momentos; es más, acrecentó su fervor hacia Dios, entrega en misericordia y caridad a sus semejantes. Fueron momentos en los que Columba buscó la perfección cristiana y la divinidad espiritual con su entrega a la oración, practicando una férrea doctrina sobre ella misma y, por extensión, sobre el resto de las religiosas del convento. Tres años después de la muerte de su hermana Isabel, llegaron momentos de enorme turbación en la ciudad, Córdoba se sumió en el caos. Los moros arreciaron la persecución contra los cristianos que no aceptaban la conversión y comenzaron a hostigar cruelmente los templos. El monasterio tabanense no se libró de ello.

Santa Columba de Córdoba. Wikipedia
Finalizaba el caluroso verano del año 853. Las monjas se entregaban sin descanso a su tarea diaria de atención a los necesitados, a los cuidados de la huerta y a la elaboración de exquisitos productos alimentarios puramente artesanales. A la vista de la llegada de los primeros fríos de la sierra, comenzaron a almacenar leña para pasar el crudo invierno. Esa era parte de la rutina amable del día a día, el resto no lo era tanto. Entre oración y oración se dedicaban a interceder ante Dios por el alma de los ejecutados en martirio. Desde el monasterio, cada noche, los clérigos se convertían en testigos de excepción de los incendios que se producían en la ciudad. El negro humo se elevaba sobre sus cielos, era tan intenso que se divisaba desde el recinto eclesiástico. La inquietud y el miedo encogían su espíritu, martirizaba su día a día. Conscientes de la tragedia que se estaba produciendo, solo podían rezar y ofrecer refugio y alimento a los que llegaban al lugar huyendo de la ciudad. Ante tanta infamia, sabían que el día señalado llegaría, más pronto que tarde. Eran conscientes que el Emir planeaba asediar el monasterio.

Columba, después de una dramática noche de asedio, huyó a la ciudad junto algunas de las hermanas. En su huida aún pudieron escuchar los gritos desgarrados, entremezclados de oración y lamento, que prevenían del monasterio. Las penurias de la noche no aminoraron su ánimo. A las puertas de la ciudad decidieron separarse, pensaron que sería más fácil zafarse de los musulmanes. Solo la hermana Digna siguió con ella. A media noche, sorteando las férreas guardias moriscas, lograron refugiarse en lo que quedaba de su antigua casa. Esta había sido consumida por las llamas, y las huestes moras habían dado muerte a sus moradores. El hedor era insoportable; la destrucción y el saqueo de sus antiguas propiedades era total. Los cuerpos yacían en el suelo entre llamas y desolación. Ante la vista de los cadáveres de sus padres, Columba les otorgó la bendición y encomendó sus almas al Señor. Rezó en silencio, quiso expiar por ellos sus pecados. Con la ayuda de la hermana Digna resguardó los cadáveres en un lugar seguro en donde poder ocultarlos para ofrecerles cristiana sepultura en un mejor momento. El crepúsculo se convirtió en dolor y llanto. Refugiadas en lo que quedaba de los establos de lo que fuera su antigua casa, ambas hermanas se abrazaron. Se miraron fijamente, presentían que el final se acercaba. Columba la susurró al oído, convino a Digna a separarse, sería más fácil ocultarse y pasar desapercibidas ante los moros, la argumentó. Se despidieron emotivamente, llegó el momento de su separación... tal vez para siempre... o no, solo Dios dispondrá, masculló Columba entre los sollozos de ambas. Pero poco después de su separación, Digna se entregó al Emir, y siguiendo el destino de los religiosos martirizados, decidió seguir el camino marcado por estos y ofrecerse ante el Cadí con la única arma que poseía, su propia fe. Plenamente convencida de su acto, y altiva ante el tribunal pero llena de irradiante humildad, miró al cielo, alzando su voz, proclamó: "Prefiero morir en Él, antes que vivir una vida indigna sin mi Dios, único y salvador". Murió mártir, acusada de blasfemia por el tribunal musulmán.

Al amanecer, consciente del destino de algunos clérigos del monasterio, Columba decidió presentarse en palacio, ante el Cadí. Recordó las palabras de su precursor San Eulogio: "La vida sin Dios es una travesía en el desierto hacía ninguna parte". Cruzó rauda la zona cristiana de la ciudad, algunas casas ardían entre llamas y se escuchaban los gemidos y lamentos de sus moradores. A su encuentro, ya en palacio, se arrodilló de espaldas al tribunal, con los brazos en cruz. Este la convino a que hablara mientras el resto de miembros del consejo la acusaban de blasfema. El Cadí impuso orden y la sugirió la conversión. Columba hizo caso omiso, fijó su mirada en el cielo, y con voz firme y poderosa, mientras elevaba sus brazos buscando en su encuentro al Altísimo, exigió al Emir que detuviera aquella locura de muerte y persecución, a la par que encomendaba a los presentes "a alabar al Señor Nuestro Dios, Padre de Todos Nosotros Divino y Único".  ¡Blasfemia!, gritó el Precepto. ¡Es una blasfema, se burla de nosotros! ¿A caso no la escucháis? Insistió. El Cadí asintió. El Emir, visiblemente enojado, desenfundó y empuño su espada, se dirigió furioso hacia ella, en ese momento, Columba entonó con dulce y armoniosa voz su última plegaria en vida: "Ábreme, Señor, las puertas de tu gloria para que vuelva a aquélla patria donde no existe la muerte, donde la dulzura del gozo es perpetua". Su cabeza cayó decapitada a los pies de su verdugo sin derramar ni una gota de sangre. Ante aquel extraordinario hecho, el Emir, retirando su atónita mirada del yaciente cuerpo de Columba y de espaldas al cadaver, ordenó: "Que sea despojada de todo sus bienes y prendas, que desaparezca todo rastro de su familia y sus pertenencias sean repartidas. Que su cuerpo sea troceado, ensacado y lanzado al río, que se pudra en lo más profundo de sus aguas y que nunca más en este palacio su nombre sea pronunciado". Como ordenó el Emir, así fue y así  se cumplió aquel 17 de septiembre del 853.

Ermita del Santo Cristo del Amparo. Guardo
Muchos años más tarde...

Aquel monje, que unos meses antes había tomado camino desde las lejanas tierras del sur, al encuentro de los cruceros del norte, llegó exhausto a la posada. Muchas leguas atrás, había advertido en la lejanía las impresionantes cumbres que coronaban la extensa llanura. Las gentes que encontraba en su camino le hablaban de un hermoso y enigmático lugar al final de la ruta. Era la entrada natural a los impresionantes colosos que a la vista y durante largas jornadas, le acompañaban desde la lejanía. Recordaba aún, como amablemente sus extemporáneos compañeros de viaje le habían contado que allí, en el inicio de las altas cumbres, encontraría digna morada. No lo dudó un instante, tal vez encontraría algo más... pues le rondaba una extraña corazonada.


A su llegada, despojó el equipaje y dio gracias a Dios ante el santo templo. El lugar no le defraudó. Poderosamente atraído por la imponente espadaña de la ermita, se reclinó ante ella, seguidamente se abrazó al crucero que presidia la entrada del templo. Alzó sus ojos al cielo, se encomendó a Dios para seguidamente extender su mano y santiguarse. recorrió el contorno de la ermita y cuando la vista se lo permitió, contempló en el horizonte el perfil del impresionante coloso que se alzaba entre las montañas, un manto blanco de nieve coronaba la árida y escarpada montaña. A su vez, imponía su soberbia figura sobre valles y montes de parajes aledaños. Nada más cruzar el portón de la corralada, salió a su encuentro el posadero. Inmediatamente, el monje, no sin antes saludarle gentilmente, le preguntó si era el dueño de la casa y si le podía ofrecer hospedaje. La respuesta fue afirmativa. El monje, visiblemente congratulado, le volvió a interrogar, esta vez interesándose por el nombre del idílico paraje que se dejaba entrever desde tan extraordinario lugar. 

En la vista de nuestro monje. FotoCueto
- Inmensos valles, eternos senderos, bellos montes que acogen centenarios robles. Caudalosas aguas, que discurren por sinuosos caminos, salvando quebradas cascadas. Altas cumbres teñidas del más puro blanco manto que, junto a enormes paredes de rocas infranqueables, acompañan al andante en el arduo camino que va en busca de la redención. Este es lugar de parada y morada, destino y cruce de cañada real. Descanso merecido de bizarros pastores, que conducen interminables rebaños en busca de pasto, allá, en los altos y ubérrimos valles, más al norte. Paso de andantes, cruceros que viven en lugares increíbles y que van al cobijo de otras tierras de Paz, procedentes de otras montañas más lejanas, a varias decenas de leguas de aquí. Unos cuentan que vienen de un lugar, acorralado por inmensas aguas, donde no se avista el final del río, pero dicen que dicho agua no se puede beber. Otros aseveran que moran al pie de altas cumbres, infinitas, siempre recubiertas de nieve, se divisan perennes en la lejanía. Pero todos van en busca de un camino santo, más al sur, a dos o tres días de aquí; al encuentro de solitarios andantes de dicho camino de paz, en busca del Santo, hacia tierras en donde limita el mundo. Le contestó emocionado el posadero.

El monje sonrió con gesto de satisfacción ante la respuesta del amable posadero; este le invitaba adentrarse en los que ya serían sus nuevos aposentos.

- Quién mora en estas buenas tierras, posadero. Cómo dícese llamarse el lugar. Intervino el monje.

- Esta es aldea de gentiles hombres y laboriosas mujeres, que con esfuerzo y dedicación labran las duras y difíciles tierras valle abajo, aunque siempre esperanzados, convierten el sudor de su frente en naciente siembra. Alfareros, canteros, carpinteros, pastores, labradores, ganaderos, modestos todos. Moran humildes lares y atienden diligentes sus labores. Gentes que sacian su sed de las cristalinas aguas vertidas desde rocas próximas, a la vera del río que nace en fuentes altas. Río llegado como regato dócil, entregado y sumiso en las manos del hombre, pero furio si no le agradas. Fuente de vida en su mezcla en tierra, arcilla, barro y paja. El nombre del lugar... me preguntasteis ¿no? Bucardum, donde nacen las alturas. Respondió amablemente el posadero.

- ¿Y qué es lo que os trae por aquí, hermano? Apostilló este.

- Voy en busca de un lugar. Una tierra especial con marcado carácter espiritual, trabajadora, santa... mágica. Lugar donde moren humildes gentes, fervientes devotos, esforzados en su trabajo diario. Lugar fértil donde los haya, santificado por el esfuerzo de sus lugareños y donde las aguas de su río impregnen un nuevo germen de vida. Busco un sitio adecuado para el reposo eterno del legado que, Él, me ha encomendado... creo que lo he encontrado.

- ¿Y se puede saber cuál es tan importante legado al que os referís? Preguntó el amable posadero al enigmático y ya amigo viajero.

El monje extrajo cuidadosamente de su zurrón "la custodia" que portaba. Era un cofre de pequeñas dimensiones, acristalado y tallado sobre bella madera, sellado a plomo. En su interior, aún se podía observar algo envuelto entre algodones. El posadero, muy cariacontecido, no salía de su asombro y constantemente le requería una respuesta, pero no logró la respuesta de su interlocutor. El monje le indicó que le acompañara hasta la aldea. Surcaron la campa, sendero abajo, la naturaleza se abría paso mostrando los mejores brotes del año. A mitad de camino, entre la aldea y la posada y ya a pocos pasos de esta, divisaron completamente la extensa vega. hacia el poniente, el coloso emergía entre dos peñas, que embocaban el paso del río, y al frente, en el naciente, sobre un pequeño cerro, presidiendo la aldea y elevándose majestuosamente sobre el caserío, se divisaba la iglesia. A la vista de esta, el monje elevó el cofre al cielo buscando la perpendicularidad con esta y con voz firme e impetuosa, clamó a los cielos:

- Este es el cuerpo incorrupto de una joven monja, virgen y mártir, santa ya para siempre. Subió a los cielos en paz con Dios y en favor de sus semejantes. Murió decapitada a manos del Emir de Córdoba cuando invocaba a los infieles la única y verdadera Ley, la Ley de nuestro Dios, Nuestro Padre. Fue brutalmente mutilada y arrojados sus restos al río Guadalquivir. Fueron rescatados, incorruptos, de las aguas por sus santas hermanas. Es la reliquia de Santa Columba, a quien ahora deberéis venerar. Dispongo que las tierras de esta vega se honren en su nombre, y el templo, que nuestros ojos ahora divisan, sea lugar de reposo eterno. Desde hoy y en los siglos venideros, este será vuestro auténtico legado.

Esta es una historia llena de ficción... ¿tal vez basada en hechos reales? Quién sabe...

Autor: Eduardo Gutiérrez Pérez

#Palencia, un gran museo al aire libre.




Calle La Iglesia
ViewsIglesia de San Juan de Eduardo Gutiérrez Pérez. Visita virtual del interior de la iglesia en 360º, girar la imagen con el ratón

Views: Mirador de Guardo. Oficina de Turismo de Eduardo Gutiérrez Pérez Visita virtual en 360º,  ¿Es lo qué vio nuestro monje? Girar la imagen con el ratón

Fotografías propias previamente retocadas
Mi blog de fotografía: 

Fuentes consultadas:
- http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/25079/1/martires2.pdf
- http://www.geocities.ws/misa_tridentina01/se/17d.html
- http://profesorjuanra.blogspot.com.es/2012/09/columba-de-cordoba-santa.html
- https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Eulogio_de_C%C3%B3rdoba.htm
- http://costaleroscalvariocordoba.blogspot.com.es/2012/06/los-santos-martires-de-cordoba-i.html#.VJ9Gc14AAA

Palencia, camino del más bello románico (VII). Guardo, el secreto mejor guardado

Pila bautismal vista desde la capilla de los Enriquez
"Guardo no tiene historia". Esta afirmación, yo, personalmente, estaba harto de escucharla y en ocasiones de gente de cierto abolengo cultural, no te vayas tú a creer que no. Y lo peor de todo, es que casi yo mismo terminé convencido de ello... hasta que descubrí, casi por casualidad, el ingente trabajo de documentación histórico realizado sobre mi querido pueblo, Guardo, por el padre Quirino Fernández Fernández y que posteriormente fue continuado magistralmente por el ilustre escritor palentino, Jaime García Reyero. Historia local desconocida hasta entonces que, Don Quirino, dejó perfectamente plasmada en su excepcional obra: "El Señorío de Guardo". Este libro es un legado literario impresionante e imprescindible en la estantería de los Guardenses, que ostenta un gran valor documental y... sentimental. Además, está conjugado con una minuciosa tarea de búsqueda de documentación sobre la Villa desgranada de diferentes archivos nacionales. Hay que decir en su valor que, hasta hoy, esta enorme labor... nadie la ha podido superar.

Los Guardenses mucho tenemos que agradecer a este ilustre sacerdote, perteneciente a la orden de San Agustín, sí, mucho le debemos, sin ninguna duda. Hombre de Dios que a pesar de no ser de Guardo -aunque muy ligado a nuestro pueblo por vínculo a su hermano el médico, Don Emilio, a quién debemos también de agradecer su insistencia para que realizara este ingente trabajo-, narró con letras de oro y muy brillantemente la historia de nuestro pueblo allá por los años setenta. Por desgracia, el padre Quirino murió joven, a principios de los ochenta y según he podido saber, cuando nos dejó, estaba trabajando en un segundo libro sobre Guardo, obra que con seguridad completaría el relato de nuestra larga y viva historia, que además, con seguridad, nos desvelaría alguna de las incógnitas de eventos y avatares pendientes de desgranar, sucedidos a lo largo de este último milenio. Nuevas historias y leyendas que se fueron con él, relatos que quedaron enmudecidos para siempre en el tintero de su humilde escritorio, repletas de letras perdidas, inconclusas y aturdidas por su ausencia, que seguramente hubieran glorificado aún más esta noble y bella tierra. En este aspecto, puedo asegurar que su obra está a buen recaudo, y sus inconclusos párrafos, recogidos en los legajos y manuscritos que dejó a la vera de su lecho, hoy, seguramente, perfectamente custodiados por sus comunitarios hermanos.

Pero hablemos del románico, pues en esta sección es el tema principal que nos ocupa. Guardo cuenta con un importante patrimonio artístico, principalmente significado en nuestra Iglesia de San Juan. Tal vez, no sé si el más importante del municipio, pero para muchos de los guardenses, si el más emotivo. Yo tengo especial predilección por este templo, posiblemente debido al influjo que insufló sobre mí... haber nacido a escasos metros de esta iglesia y, por extensión, haber sido bautizado sobre la poderosa roca, hoy convertida en pila bautismal, que ostenta la iglesia de San Juan y que forma parte de este excepcional legado.

Primer plano, talla de San Antonio de Padua, al fondo la pila
Sí, es verdad que la historia debe de basarse en datos objetivos y a su vez debe de estar minuciosamente documentada, no soy nadie para ponerlo en duda. Incluso, entiendo perfectamente a los eruditos que no admiten una mínima licencia a la improvisación y defienden que los excesos literarios, sobre el manuscrito ya convertido a obra contextual, es para otro tipo de narraciones, vamos, qué decir... un dogma de fe... licencias, las mínimas. Yo soy de estos últimos -no de los eruditos, sino más bien de los del exceso literario-, de los que creen que historia y literatura aún tienen mucho recorrido juntos por hacer; es decir, que van de la mano. De los que piensan, por si alguien lo dudaba, que una bonita historia se puede construir sobre cimientos de realidad y ficción todavía inconclusos. Permíteme la licencia de este exceso. Es verdad que la historia puede formar parte de lo más recóndito de nuestros sentimientos, de nuestra propia fantasía y de nuestro intrínseco deseo de soñar... de cómo nos habría gustado que esta hubiera sido...

Posiblemente, la actual iglesia de San Juan se construyó sobre otro templo eclesiástico mucho más antiguo, de ser así, seguramente sobre una construcción de la época más genuinamente denominada como románica en tiempos en los que brotaron significativas obras, principalmente eclesiásticas, por toda la provincia. Hoy, no hay ningún vestigio románico que atestigüe este extremo, pues la actual iglesia guardense que preside el cerro del Otero data del siglo XVI. Magnífico templo al que, unos años después, se le añade la hermosa torre de piedra en mampostería que actualmente luce adosada a esta, concretamente en el año 1761, Tiempos aquellos... esplendorosos para la localidad, en los que el licenciado Don Francisco Diaz-Santos de Bullón, Obispo de Barcelona, Señor de Sigüenza y sobre todo guardense de pura cepa, ordena construir, también, en su interior la coqueta y recogida capilla de los Enriquez; (precursor a su vez de la la "Casa Grande", edificio emblemático donde los haya, que antes de ser reconvertido para diferentes usos, escondía en su interior obras de incalculable valor, cuanto menos en el sentido sentimental para todos los guardenses, algunas de ellas, hoy... en tierras de la vecina Asturias). Pero no nos desviemos del tema... ahí vamos...  al románico, pues en ello estamos, Guardo acoge en el seno de su más emblemática iglesia algunos de los "secretos", en mi opinión, mejor guardados: la pila bautismal románica, orgullosa luce y custodia de semblante altivo del altar y la capilla de los Enriquez, sabedora de su prominente legado... este es uno de ellos. Y Llegado a este punto, te preguntarás... ¿y el resto? Ya llegará el momento.

Plano general altar mayor
Juan el cantero

"Juan, el cantero, aquel día se despertó realmente angustiado a causa del sombrío sueño que durante aquella interminable noche de invierno le había consternado terriblemente . Las pesadillas habían vuelto de nuevo. La noche se hacía larga, no conseguía conciliar el sueño. La inquietud o tal vez también la presión que recibía de Don Ignacio, que le acuciaba el día reprochándole continuadamente su inconcluso trabajo, no le dejaba descansar adecuadamente. Un extraño temor le obligaba a levantarse como "sonámbulo en vida" en varias ocasiones. Desde el ventanuco de su pequeño cuarto, pudo observar como poco a poco la nieve iba cubriendo cuan inmaculado manto blanco la callejuela que finalizaba en la pequeña iglesia, temía que el peso acabara con la recién estrenada techumbre del templo, que el cerro acogía. Previamente, el día había sido duro, la cantería no pasaba por sus mejores momentos. Le inundaban los recuerdos, pero en ese momento solo le importaba acabar el único trabajo que le ocupaba. Aún recordaba perfectamente las terrible pesadillas que en dicha ensoñación había sufrido, estaba convencido de que era un inquietante presagio. Los delirios padecidos durante la noche, donde su vida se veía acechada por una muerte terriblemente dramática, le atormentaban hasta límites insospechados. Intentó relajarse y perjuró finalizar el trabajo. Contuvo su mirada perdida sobre las grietas que su vetusto cincel provocaba cuando profundizaba en la rocosa piedra. Sus ojos se acristalaban, mientras con mano temblorosa  labraba, a golpe de martillo, aquella enorme roca que meses antes don Ignacio, el clérigo, le había encargado tallar para su nueva iglesia, con el fin de ofrecer el culto del bautismo a los neonatos de la comarca. Atemorizado ante las figuras que aparecían bajo el duro canto tallado, volvían a su mente aterradoras imágenes del enorme ser que descargaba toda su furia sobre su espantado e inerte cuerpo, despojado en el sombrío suelo. A su vez, observada el delirio de aquellas siniestras bestias que lanzaban su ira sobre los infantes del lugar, mientras aquellas mujeres de gesto inconmovible y obsceno, que aturdían su pensamiento, huían aterradas para resguardarse bajo los arcos amurallados de la difusa calle contigua, reflejada en sus ensoñaciones. Sudoroso y agitado, intentaba protegerse de los antropomorfos seres que se lanzaban con desgarro sobre su más preciada hombría, dragones, leones alados y centauros milenarios sobrevolaban los rugientes y encapotados cielos aparecidos sobre aquella dramática noche. Al final de aquel delirio, solo le aliviaba el recuerdo del extraño animal cuadrúpedo que raudo y veloz le alejaba, como alma que lleva el diablo, de tan siniestro lugar... Al albor, Juan, el cantero, seguía golpeando, cada vez con más fuerza, la ya transformada roca... acuñándose para siempre en su nueva forma. Y así comenzó su leyenda".


Pila Bautismal
Es toda una auténtica joya arqueológica de la que los guardenses estamos plenamente orgullosos. Es un reto latente para los especialistas desgranar sus misterios, no solamente el de encontrar fielmente la época en la cuál fue tallada, el dónde, para quién y por quién, sino también, el significado de las figuras que "nuestro artista local, Juan, el cantero", quiso representar sobre ella... y cuáles fueron los "sueños" que le inspiraron mientras tallaba la otrora roca, hoy hermosa obra. Lo que si es verdad, es que esta joya espera impasible el paso del tiempo cuanto menos de otros tantos milenios a la vera de los guardenses, lugareños que, con plena seguridad, custodiarán su más preciado legado y que disfrutarán durante ese mismo tiempo, al menos yo eso espero, del interior de este santo lugar; templo bendito para generaciones enteras de guardenses donde se respira un ambiente cargado de inmensa espiritualidad. Todo el interior del templo es un auténtico espectáculo en piedra viva convertido en arte cargado de devoción, fervor, misterio y leyenda. Son espectaculares sus bóvedas de crucería en forma de estrella que protegen las tres naves de las que consta su planta, y que... su divinidad protegieron, en algún tiempo olvidado en el recuerdo... a sus fieles. En cada rincón, como antes ya he mencionado, se respira un profundo halo de espiritualidad sin igual, dotando a todo el recinto de un ambiente monacal único. Mires adonde mires, encuentras algo para descubrir y disfrutar; bien sea la capilla antes mencionada o su hermoso altar, presidido por una excepcional talla de Cristo Crucificado, la brillante obra en madera policromada de San Antonio de Padua, datada en el siglo XVIII y tallada con gran maestría, o la misteriosa tumba... que tiene impregnada sobre su lápida exterior unos símbolos, "posiblemente", relacionados con la Orden del Temple... ¡esto ya lo veremos!, más clara parece su procedencia de época tardogótica. Pero esta será otra historia... historia no menos "chica", que gracias a mi buen amigo, Amos Rodrigues Allende... iremos descubriendo poco a poco... y en otro momento. Atentos que hay más... leyendas.

"Guardo no tiene historia", a ver quién se atreve ahora a mantenerlo...

#Palencia, un gran museo al aire libre.

Tumba en el Arcosolio funerario de la iglesia... ya se descubrirá el misterio
Calle La Iglesia
ViewsIglesia de San Juan de Eduardo Gutiérrez Pérez. Visita virtual del interior de la iglesia en 360º, girar la imagen con el ratón


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Colegiata de San Salvador... al final del más bello camino del románico


"Caminante, en el camino..." no encontrarás escarpados precipicios que acechan vigilantes tu llegada, ante el albor de tu inédita y atónita mirada... pero sí, lugares encantados que, por un solo instante, congelan la respiración del visitante, suscitando en él, un contenido y helador aliento, ante la vista de la magnitud del paisaje hallado. Caminante, en el camino... en su busca, y a tu paso, no encontrarás sinuosas curvas que consiguen que se te dispare el corazón hasta límites insospechados... pero sí, lugares, en ocasiones olvidados, que destilan cierta fantasía que se va impregnando en las huellas de una primorosa naturaleza, remachada en cada uno de sus bucólicos rincones. Caminante, en el camino...  tampoco descubrirás vertiginosos desfiladeros que, cuan precipitados acantilados, ladera abajo dejan correr aguas malditamente asalvajadas, golpeando violentamente sobre sus indómitos peñascos. Caminante, ¡ay! Caminante... ni rocas colgadas encontrarás apiñadas sobre angostos riscos, abriéndose paso firme entre el insolente y deslucido asfalto, brotando sobre la abrupta vegetación y escarpando su infinito delirio por rocosas paredes. Ni tan siquiera, en el camino, caminante, echarás de menos miradores artificiales construidos a golpe de la sobria mano del hombre... pues no es necesario, de verdad... toda su extensión es un digno mirador en sí mismo....


Y yo te digo, caminante, que precisamente esta es la grandiosidad de la "Montaña Palentina", #montaña viva, #montaña inmensa, #montaña prodigiosa siempre eterna... eternamente hermosa, pero sobre todo amiga, gentil, fácil y accesible... muy accesible, de tal forma que en cada lugar, en cada rincón, en cada paraje disfrutarás de ella a cada instante ahora ya en tu imprescindible viaje. En cada momento, en cada metro, en cada palmo de verde tierra que germina sobre su superficie, salta un brote de naturaleza viva y plena... brote de amable devenir por los tiempos sobre un manto de siembra cargada de historia y belleza. Una comarca de verdes valles, de azules cielos que reflejan su intenso añil sobre acumuladas aguas acristaladas, angostadas a intramuros de artificiales paredes que otrora fueran construidas por la mano del hombre... Aguas que ahora están significadas en extensos embalses que riegan, nutren y fertilizan la vida de las sedientas tierras del bajo sureño. Una Montaña de atractivas e infinitas cumbres que miran al cielo sin complejos y que observan, cuan ventana indiscreta, desde cualquier punto de sus innumerables caminos... tu esperada llegada... Y cuando llegas, "la Siempre Dispuesta de la Montaña" ya te está esperando, ahí, en el mismo lugar en donde la enclavaron sus antiguos pobladores. Es perfecta, armoniosa en sus lineas, inamovible y respetada por los innumerables avatares de la vida que han acontecido a su vera durante sus casi mil años de existencia. Es románico palentino en su estado más puro y románico en el que desde su interior mejor se cautivan los sentidos. Siempre la encontrarás con su perfil dispuesto, busques el que busques. Siempre preparada para tu cámara y siempre acompañada del mejor entorno natural. Siempre encarada y engreída -lo digo dulcificando el significado de ambos adjetivos- a sabiendas que es la estrella de la terna. Ahí está, esperando y esperando el sonido metálico de tu cámara mientras te susurra al oído que no tengas prisa en admirarla, y te vuelve a susurrar... que es hermosa ... muy hermosa desde cualquier ángulo enfocado.


San Salvador de Cantamuda es un lugar mágico; su templo, advocado al propio santo que le insufla el nombre, un lugar de poder. Se concibió como colegiata, allá por el siglo XII. Fue fundada por la Condesa de Castilla Doña María Elvira, en la cual fue enterrada, aunque en la actualidad la antigua colegiata es considerada como la Iglesia Parroquial del municipio de San Salvador de Cantamuda, perteneciente al Ayuntamiento de la Pernía, en pleno corazón de la Montaña Palentina. LLegar a San Salvador desde cualquiera de los puntos más referentes de la provincia de Palencia es muy sencillo. Desde Guardo, desde Aguilar o desde la capital, simplemente debes de dirigirte a Cervera de Pisuerga, una vez allí, no tiene pérdida, simplemente hay que tomar la C-627, disfrutar del embalse de requejada, anotar la visita a Vañes, Polentinos, Estalaya o la abadía de Lebanza, por poner algunos ejemplos, y dejarte llevar por la magia del Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre.

Su imponente figura impresiona. Cuando estás bajo su ámbito de influencia, no puedes dejar de voltear su perímetro en busca de todas y cada una de las múltiples perspectivas que amablemente te ofrece. Ella siempre se presta, siempre está dispuesta... es, hoy, por derecho propio, la novia de la imagen digital y sino que se lo digan a "san" Google y a las redes sociales. Su encaje con el entorno es auténticamente privilegiado, sin más. Es, asimismo, la ensoñación y custodia permanente de miles de guajas y guajes que a lo largo de los tiempos modernos han magnificado este idílico entorno con sus acampadas, sobre todo, en los esperados periodos estivales y, aunque ya ausentes en invierno, el paisaje les espera para regalarles otra inimaginable estampa de tan bello lugar. Niños y mayores que descubrieron el poder de este entorno y que ahora no pueden desprenderse de su influjo... siempre alegres, siempre divertidos, la siempre dispuesta de la montaña les acompaña. Tiempos en los que jóvenes de mano entusiasta, jugando con los acordes de sus guitarras, dibujaban notas musicales que una vez emancipadas aluzan su espadaña, sonidos armoniosos atraídos, junto con sus alegres cantos, por el techo estrellado de una fresca noche de verano... En definitiva, San Salvador de Cantamuda, además de la joya de la Montaña, es la perfecta imagen de las publicaciones y calendarios anuales, que moran permanentemente en las paredes de nuestros más humildes rincones. Ven y disfrútala.

#Palencia, un gran museo al aire libre.

Vista virtual esférica del interior de la colegiata. Clic con el ratón para verla en todas sus perspectivas:


Altar. Imagen de visita virtual interior captada de Internet



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Palencia, camino del más bello románico... el origen

Cripta de San Antolín. Origen del románico palentino
La historia ha querido que el nombre de "Antolín de Pamiers", en la persona de San Antolín -mártir de origen visigodo que, 1300 años antes, "más menos", ofreciera su trágica muerte a la veneración de la más bella catedral, inequívocamente adjetivada como la "desconocida" de ambas Castillas y, por extensión, de esta España nuestra, tan cargada de inconmensurable legado histórico-, esté eternamente ligado al románico palentino, incluso antes de que este primoroso estilo artístico iniciara sus primeras andaduras por estas tierras castellanas allá por los años medios de la onceava centuria. Asimismo, la historia ha querido, también, que este relevante hecho, confluyera en una explosión de esplendor único, que encomendó al recién estrenado estilo artístico construir una prodigiosa senda histórica sobre caminos de polvo y trigo, trazando un virtuoso recorrido de más de 200 años a lo largo y ancho de la provincia de Palencia... Para después... el arte, "en tan lugar privilegiado"... se encontrara con lugares mágicos llenos de rincones encantados, a la par vertebrando culturalmente a la provincia. Sí, la de los ríos Pisuerga y Carrión... y a su paso, desde el más llano extremo del sur, y con destino final irremediablemente hacia el más bello paisaje del norte, encuentra una comarca sembrada de infinitos valles y escarpadas montañas rocosas, salpicada de edificaciones encumbradas armoniosamente y enclavadas en increíbles lares de nuestra idílica Montaña Palentina. Comarca infinita... donde brilla con luz propia un patrimonio, ya de todos, que hace digno honor a su merecido reconocimiento.

Imagen de San Antolín. Al fondo restos visigodos de la Catedral, previos a su fábrica románica
Adentrarse en la la cripta de San Antolin es un emocionante recorrido por el tiempo, que abarca prácticamente toda la numeración del calendario gregoriano y parte del juliano... también. No es un difícil ejercicio para la imaginación auto dibujar en nuestra memoria este largo camino de historia viva, cargado de innumerables vicisitudes, leyendas y anécdotas. Vestigios romanos inician una prodigiosa andadura por esta línea del tiempo imaginaria -donde, aún, algunos restos romanos conserva este inmenso templo- un apasionante recorrido por el espacio tiempo, que en el caso de nuestra región, está perfectamente renombrada y con definición propia en el acertado topónimo: "las edades del hombre". Estos dubitativos inicios, pronto fueron superados -en honor a la verdad, algunos siglos después-, por renovadas pinceladas heredadas de época visigoda, labradas magistralmente sobre aquellas primeras piedras, ahora sepultadas bajo tierra sagrada. Dichas huellas, conservadas en lo más profundo de nuestra Catedral, son posteriormente cinceladas por canteros locales de muñeca maestra y pulso firme, acuñando sobre el recuperado canto nuevas formas artísticas más de acorde a la época de su labrado; dejando paso, así, y sin lugar a ninguna duda, al hoy laureado y reconocido comienzo del más genuino románico palentino... el origen. ¡Ay! El románico... estilo que, redundando en la expresión, es aun más bello visto desde esta nueva perspectiva... expresión artística que, en este caso, recorrió lentamente su destino por estas tierras de nuestra España -tal vez, pues yo no lo voy a poner en duda-, importado inicialmente de tierras aragonesas. Y como generosos palentinos que somos, fue exportado, después, a las también hermosas y enigmáticas, de entonces y de ahora, vecinas tierras asturianas.

La Cripta
Este transcurrir por los tiempos... culmina, quizás ya para siempre, en una magnánima construcción eclesiástica, hoy enclavada en el mismísimo corazón de la capital. Esbelta e imponente, perfila su figura sobre los cielos, de esta, con líneas verticales trazadas con brocha de oro, propias del más puro estilo gótico. Santa Iglesia Provincial que, a su vez, esconde bajo sus entrañas huellas de todos y cada uno de los estilos artísticos, que dicha linea del tiempo se ha encargado de impregnar en cada uno de sus bellos rincones. Ahora ya, para mí, es simple y llanamente: "La Catedral", pues, cuando este humilde narrador utiliza este "único vocablo" para referirse a ella, espero que mi interlocutor reconozca a la primera... a cuál de las incontables maravillas de España, homónimas a ella me refiero... Y, para finalizar, propongo como ejercicio cultural de alcance a los chicos de antena 3 para que no vuelvan a deslizarse más en sus juegos tipo trivial -aunque reconozco que ya han pagado suficiente penitencia por su error, sobre todo en estas redes-, y no confundan tan digno sobrenombre de: "La Bella Desconocida", con el de la también encantadora y hermosa catedral que ostenta nuestra vecina y querida provincia de Zamora: la Perla del Duero.
Y dicho esto, es algo por lo que no vamos a reñir, ¿verdad qué no, amigos zamoranos?

Palencia, un gran museo al aire libre.

Plaza de la Inmaculada
Interior de la Catedral donde se ubicaba la Catedral románica
Trasera absidal Catedral de Palencia

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Palencia, camino del más bello románico (VI). Pisón de Castrejón. "La bella dama de la Peña Redonda"


En Pisón de Castrejón, su iglesia, "la Bella Dama de la Peña Redonda", dibuja con orgullo su perfilada y alargada sombra sobre el hermoso y montañoso horizonte del norte palentino, un lugar de ensueño plenamente satisfecho del legado patrimonial y cultural que la historia le ha otorgado. El templo, bendecido a la Virgen de la Asunción, ofrece... agradecido a estas austeras tierras labradas por gentes sobrias y trabajadoras... siempre hospitalarias, su más imponente imagen acuñada en los tiempos del más tardío románico rural palentino. 


Las incipientes cumbres de la Montaña Palentina, vigías impertérritas que aguardan impasibles el inexpugnable paso del tiempo sobre estas bellas tierras de Palencia, esculpen con su mejor trazo el perfil de esta "bella dama"... sobre la extensa llanura del siempre tranquilo y duro, a veces fértil, a veces arduo, campo palentino. Ella, la Iglesia de la Asunción, significada para mí y para siempre como la Bella Dama de la Peña Redonda, cuan faro vigía de un mar de trigo, carbón y tranquilidad, aluza con la esbelta figura de su hastial de poniente esta infinita comarca, portentosa en parajes increíbles. Lares donde la naturaleza se reencuentra con esta inusitada belleza, esculpiendo su nombre en cada uno de los desconocidos lugares que la protegen. Ni los calurosos días del estío, ni las duras y heladoras noches del largo invierno palentino, alteran su hermosa figura, y... ahora, la Bella Dama, siempre incontestable, preside el románico de la comarca nor-occidental de la provincia... conocedora de su importante impronta; esperando, eterna, en el páramo palentino y a los pies de su más redonda peña, a que inicies tu andadura sobre esta nueva ruta... siguiendo la rectilínea sombra que proyecta su espadaña, con destino a las vertiginosas cumbres de un territorio plagado de esbeltas torres rocosas, que tienen encomendada la misión milenaria  de escoltar su hermosa figura.



Llegar a Pisón de Castrejón desde mi pueblo natal, Guardo, es realmente sencillo. Simplemente tienes que tomar la carretera comarcal CL-626 en dirección a Cervera de Pisuerga. A mitad de camino, entre tanta y tan espectacular naturaleza, ya está impávida esperando... la Bella Dama. No tengas prisa en llegar, ella siempre espera. Mientras, durante el recorrido, disfruta de la hermosa estampa que te ofrece la espectacular cadena montañosa, que anuncia el inicio de una comarca repleta de naturaleza viva... naturaleza plena: la Montaña Palentina. Acercándote al destino, nada más divisarla, eres consciente de que ha merecido la pena... la espera. Su espectacular silueta aparece como de la nada, solitaria, pero atrevidamente acompañada por el continuo trasiego de vehículos que discurren por los caminos de asfalto que la atraviesan, en ocasiones,  ignorando su gran bella silueta.


Es espectacular el friso gótico que, sobre la fachada de su orientación sur, luce el templo. Este armonioso conjunto fue montado, algún siglo después del inicio de su construcción, sobre su bello pórtico de entrada, aunque su hermosa imagen, hoy, la encuentras refugiada bajo una coqueta tejavana. Con seguridad, su reflejo ha iluminado, con la frente bien alta a sus afables vecinos durante cientos de años -casi un milenio-. ¿Dónde esta su misterio? Tal vez el acontecer de los tiempo, bajo el riguroso sol del estío y de la crudeza del helador invierno... tal vez... con esto esté resuelto... y sean uno de los principales motivos de su excelente conservación. Su pórtico está presidido por un Cristo marcado en la ancianidad; en sus esquinas, deleitaremos nuestra vista con los cuatro tradicionales símbolos de los Evangelistas. A su vez, como no puede ser de otra forma para la época, luce escoltado a ambos lados de seis apóstoles, que descansan sobre peanas perfectamente talladas sobre la piedra, mostrando al visitante su más radiante belleza. Dicho friso descansa sobre un sencillo pero bello pórtico, que regala a la vista del visitante cinco excepcionales arquivoltas, ofreciendo sin duda una excelente imagen fotográfica, reflejando al visitante una curiosa sensación de tercera dimensión. 


Por supuesto, su insólita belleza no quedó anclada solo en su exterior. El interior del templo insufla en el visitante un aroma de paz espiritual sin igual. Pero si quieres descubrir más, programa tu viaje cuanto antes, y disfrutarás de nuevas sensaciones, que solo una comarca como la de la Montaña Palentina, cargada de inmenso patrimonio, puede ofrecerte.

#Palencia, un gran museo al aire libre.

VISTA VIRTUAL ESFÉRICA. GIRA CON EL RATÓN EN TODAS LAS DIRECCIONES





Fotografía de Montse González Férnandez

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